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García se abona al género epistolar

Sería inimaginable que los socios del Athletic que no se presentarán a las elecciones dispusieran del espacio mediático que ha tenido Fernando García Macua por hacer lo que otros 44.115, o sea, no presentarse. Aun reconociendo la especial consideración que siempre merece un expresidente, no parece excesivamente bueno para el Athletic pretender condicionar una campaña, o que exista debate si realmente no hay voluntad de participar en un proceso electoral.

García Macua ha pretendido, por dos veces ya, generar discusión, chapotear en el charco, discutir las legítimas decisiones de la Junta saliente y ampararse en ellas para justificar su decisión de no concurrir al proceso electoral.

Está en su derecho, claro. Pero como lo está cualquier otro que plantea su modelo de club en la barra del bar, en el ascensor del trabajo o de paseo dominical por el Pagasarri. Si García quiere altavoz, micrófono o espacio en prensa para contraponer su modelo de Club al que plantea Josu Urrutia, lo tiene sencillo: presentarse. Si no lo hace, debería mostrar un mínimo de la prudencia debida en un exmandatario, guardarse sus propuestas y aparcar unas críticas que parecen hechas desde la víscera de quien queriendo presentarse a toda costa no ha podido.

Y no ha podido porque sabe que no goza de apoyos, porque es una persona que ha perdido la credibilidad del pasado –si es que llegó a tenerla- una vez que declinó su estrella como mano derecha, asesor jurídico-fiscal y hombre de confianza de un Jabyer Fernández que ha acabado como todos ya conocemos.

Ahora, no conforme con asumir su derrota en las urnas, que ha pasado de moda, que sobre su capacidad de gestión surgen dudas más que razonables, que existe una denuncia por presunto impago de parte de los servicios que contrató hace cuatro años en el proceso electoral que quería le llevase a Ibaigane, ahora García Macua carga contra ciertos poderes fácticos de Bizkaia –sin citarlos, lo que no deja de retratar el estilo del personaje- para intentar justificar que vuelve a los cuarteles de invierno.

Parece la pataleta de un hombre solo, abandonado a su suerte, de alguien que no asume el desprestigio profesional al que le ha llevado estar estrechamente ligado a varias de las mayores burbujas financiero-inmobiliarias del territorio. Desconociendo el posicionamiento oficial del PNV, que lo intuyo, sospechando qué grado de apoyo puede tener por parte de la Izquierda Abertzale, lo importante de todo parece qué piensan los socios, bastante más independientes e informados de lo que algunos quieren hacer ver.

Todos creemos bueno que en el Athletic se abran los debates. Sin tapujos, sin filtros. Con educación, con respeto y serenidad. Hablando de todo lo que haya que hablar, buscando el bien del Club. Ese debate, que debe ser profundo, no parece que vaya en la línea de lo que Macua tradicionalmente ha dicho o hecho. Ni ahora, ni hace cuatro años, cuando perdió, ni ocho años atrás, cuando llegó a Ibaigane, o hace doce, como delfín y portavoz de la candidatura de Juan Pedro Guzman. Valga como ejemplo la campaña de 2011, cuando el candidato García atacaba la figura de Marcelo Bielsa, cuestionaba su valía y currículo. Además de la escasa capacidad como visionario del sujeto, parecen más adecuadas en el Athletic las campañas en positivo, es decir, contraponer las ventajas de las propuestas propias en lugar de atacar las del adversario. 

Pero García no se mueve cómodo en el debate sereno. Prefiere la descalificación, la crítica ácida, tirar por tierra el trabajo y propuestas ajenas. La carta que envió ayer a los medios es un ejemplo de ello y retrata perfectamente a quien la escribe.

Es probable que, tan dado él a establecer diferencias y clases, don Fernando se tenga a sí mismo como un socio estratégico, más legitimado que otros para emitir opiniones. Pero de la misma manera que seguramente sea saludable unas elecciones en el Athletic, también es bueno saber que este hombre, que representa el pasado, que encarna unas formas afortunadamente olvidadas salvo por el puntual episodio de las epístolas, no protagonizará el debate.

Elecciones sí, claro, pero protagonizada por savia nueva, otras caras, otras ideas y propuestas, y, sobre todo, mejores formas. Si además de todo esto, la campaña no les sale por la patilla, presuntamente, mejor que mejor.
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