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Un rayo de esperanza

Como tampoco es cuestión de ponerse digno a estas alturas de temporada tal y como están las cosas, que las matemáticas no engañan, la victoria del domingo supo a gloria. Por la imperiosa necesidad, por el momento en que se produjo y por la importancia de que la plantilla interiorice que además de querer, pueden.

Es lo mejor de la semana deportiva, haber logrado tres puntos vitales en Liga y tener el pase europeo más que asequible. Y sí, con un fútbol más bien primario, a base de insistencia, de más corazón que cabeza, el Athletic se impuso al Rayo porque, a su manera, buscó la victoria hasta conseguirla, nuevamente por medio de Aduriz, el mayor exponente del equipo, un batallador nato que peleó contra los elementos –y para elemento entre elementos, el inefable Borbalán-, que se remangó como siempre y que no cejó en el empeño hasta el pitido final. El hecho de que no solo marcase el gol, sino que contribuyera al previo robo del balón para entregárselo a Balenziaga para que este, a trancas y barrancas, consiguiera filtrarlo al área, donde Aritz lo aprovechó de la mejor manera que podía, habla bien a las claras de la importancia del donostiarra para este equipo. Y para ese Club.

El Athletic salió reforzado más allá de lo cuantitativo, recibió un justo premio a su pelea, en un partido feo, atascado, en el que el Rayo, que había buscado la baza psicológica forzando al Athletic, contra su costumbre, a comenzar atacando hacia la pequeña Noruega, planteó un partido achicando el terreno de juego, al punto que en el primer acto adelantó su defensa hasta situarla prácticamente en la Avenida Sabino Arana. El atasco resultó importante, dando lugar a una aburridísima primera parte en la que no pasó casi nada, y que acabó cobrándose como víctima a Unai López, que había fallado una ocasión clamorosa regalada por Aduriz, y que no encontraba lugar para su fútbol. La entrada de De Marcos, buscando dar profundidad y ruptura a una medular estática pareció acertado.

En la segunda mitad el partido se rompió algo, con el Athletic más vertical, pero la línea de tres que guarda la espalda a Aduriz volvía por sus fueros. Nada reprochable en lo que a entrega se refiere, pero el debe lleno de apuntes en el apartado del acierto, donde destacó negativamente un Markel que susaeteó como en sus peores tardes. Afortunadamente, y en contra de lo que venía siendo la constante en la temporada, y como ya sucediera en Turín, Valverde acertó con los relevos. Otra noticia. La salida del progenitor Muniain y la entrada de Williams dieron al Athletic un plus de verticalidad y agresividad que acabaron siendo definitivos.

Enrabietado el equipo, con el público conectado, y demostrando que la ley del embudo también termina fructificando en el fútbol, tanto se insistió que finalmente se acabó encontrando el camino. Sustentado en la pelea, en la lucha, en una combinación de agresividad y profundidad que parecían olvidadas. El público lo agradeció, porque hasta los paladares más exquisitos suelen dar por válidos los encuentros en que el equipo lo intenta por tierra, mar y aire.

Conviene no olvidar, que siempre queda mejor hacerlo con victoria, el calamitoso y chulesco arbitraje del impresentable Borbalán, con el que llueve sobre mojado desde hace bastante tiempo. Porque los errores que siempre se producen en la misma dirección no pueden ser calificados como errores. Este árbitro, hace pocos meses, ya le privó al Athletic de la victoria frente al Celta, ya expulsó el pasado año a Aduriz de manera injusta y acumula en su currículo atropellos a los rojiblancos de todos los colores y sabores. Cuando alguien no ve lo evidente e inventa lo inexistente, cuando se toman decisiones a sabiendas de que son injustas, eso tiene un nombre claro que suele costar la carrera a cualquiera que deba impartir justicia. Y la deportiva no debiera ser excepción.

Afortunadamente, no pudo Borbalán. Por el empeño del Athletic, por la vaga apuesta por la victoria del Rayo. En pleno mes de febrero, con el calendario plagado de citas, el equipo se reivindica en una semana esperanzadora. No porque se haya hecho nada del otro mundo, pero viniendo el equipo de donde viene, cualquier avance, por pequeño que sea, es bienvenido.

El empate en Turín, con un equipo que tras volver a dar señas desesperantes de no saber administrar la ventaja consiguió volver con la eliminatoria viva para la vuelta tras firmar unos minutos finales aceptables con un once plagado de meritorios, sirvió para afrontar el encuentro frente al Rayo con dosis más altas de autoestima. Porque ni la plantilla es tan corta como el entrenador se ha empeñado en evidenciar con sus decisiones y porque existe más calidad y capacidad de competir de la que trasciende de las alineaciones. Pero todo comienza por elevar el listón competitivo, por no hablar de tirar nada y por hacer una gestión de la plantilla que reparta minutos, oportunidades y apuestas. 
Porque en este Athletic las diferencias, salvo contadas excepciones, no son abismales.

Veremos si tras esta semana llega, por fin, el punto de inflexión necesario, ese que tan solo llegó a avistarse en noviembre, pero que no llegó para quedarse. La afición lo espera, por eso el domingo salió, además de con tres puntitos más en el zurrón, con ganas de aferrarse al rayito de esperanza.
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