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La alegría del año

Diez años después se desquitó Valverde, volvió a sonreír, que ya es noticia, sobre todo por lo que simboliza, y llega a una final copera con el Athletic que es algo muy especial, que solo se entiende si se ha mamado desde dentro, y que hace que el veredicto sobre la temporada cambie de la noche a la mañana.

Y cambia porque llegar a la final es algo muy importante para el Athletic, de lo que ha vivido este Club toda la vida, y que suele servir para enganchar a las nuevas generaciones al tren de la historia. Si, además, se consigue con un juego del que sentirse orgulloso, no por la brillantez, pero sí por la intensidad, por la convicción, por la determinación de pelear, de dar la cara y hacer lo posible por seguir adelante. ADN de león.

Porque el Athletic pasó porque lo mereció, porque no se dejó atenazar por los nervios, la responsabilidad o la dificultad de la empresa. Salió a buscar el pase, a no especular, a erradicar el dominio intrascendente en el centro del campo y optar por la presión, la velocidad y la verticalidad. 
El resultado no pudo ser mejor al descanso ni la imagen más ilusionante desde el principio, con diversas llegadas y ocasiones, donde no fallaron ni Aduriz, inventándose un gol que sigue convirtiéndolo en leyenda de la era moderna del Club, ni Etxeita, otro ejemplo de jugador de Club que aprovecha las oportunidades. Ambos buenos ejemplos de lo que debe ser el Athletic, si bien lo de Aritz merece una consideración especial.

Volvió a actuar Valverde, como se le reclamó durante los perores momentos de la temporada, tomó decisiones y acertó. Optó por Williams en la vanguardia izquierda, inédito ahí hasta ahora, y acertó, yendo el chaval de poco a bastante; por Muniain, muy mejorado, centrado de nuevo, en el terreno y en lo conceptual; con Iraola y de Marcos volviendo a intercambiar posiciones, lateral de Marcos para aprovechar su descomunal físico, interior el de Usurbil para aprovechar su indiscutible toque y calidad ahora que las fuerzas flaquean, como es lógico para quien acumula quinientos partidos.

Y no sería justo no reconocer el descomunal trabajo, la genial aportación de un mejoradísimo San José, sospechoso habitual de tantos -y no puedo tirar la primera piedra-, que protagonizó, seguramente, su mejor partido como medio centro, recuperando prácticamente todo, entregado, concentrado y generoso en las ayudas. A su lado, Rico volvió a protagonizar otra lección de destajismo que desesperó y descolocó al Espanyol. Claro que cabría pedirles precisión en las entregas, algo de pausa, pero si pudieran darlo, estaríamos hablando de jugadores únicos, de otro nivel. Así que quedémonos con sus virtudes.

Pudo el Athletic ganar por más, por alguno más, como también pudo haber visto recortada la diferencia de goles en el marcador, cierto que en menor medida, puesto que los tiros a puerta fueron mayoritariamente zurigorris. Pero triunfó la zaga, con un buen Gurpegi, un asentadísimo Etxeita y un batallador Balenziaga, aunque éste protagonizara una jugada que pudo costar muy cara por una confianza excesiva en una cesión con su pierna derecha. Afortunadamente, Herrerín enmendó el error de su compañero, igual que apareció milagrosamente en la segunda parte para enviar al palo y detener un intento de Caicedo de clonar el uno a cero de Aduriz. Merece una mención especial Iago, un portero diferente, que a algunos cuesta  que nos convenza por ese estilo tan opuesto a lo que tradicionalmente ha sido un portero en el Athletic. Pero a él se debe, en gran medida, el pase, por su actuación no sólo en esta eliminatoria. Baste recordar los enfrentamientos contra Málaga, Celta o Alcoyano para comprender la importancia del portero en la llegada a la final.

Y ahí está el Athletic, dispuesto a enfrentarse al Barcelona en otro partido a cara o cruz, que también es mala suerte. Lo dice Txingurri y es cierto, no hay duda de quién es favorito. Como también resulta obvio que ganar un partido está al alcance y que para ello debe empezar a mentalizarse el grupo.
Lo importante, de todas maneras, es plantarse donde toque, aunque todo apunte a Valencia. Para volver a movilizar a la afición, en otro éxodo masivo, a engalanar Bizkaia de banderas rojiblancas. A sacar el orgullo del cajón en que llevaba guardado desde que el año pasado se certificase la cuarta plaza. La temporada, desde luego, no ha sido grata para la afición, demasiados sinsabores, excesivas decepciones.

Pero no es menos cierto que, si se hace una lectura sosegada de los últimos años, el Club ha entrado en una dinámica muy positiva en lo que a capacidad de competir se refiere, de logros deportivos. Y no sería justo no reconocer que los cuatro años que ahora se cierran para la actual directiva ha sido todo un paso adelante en ese sentido. Tres finales. Dos de Copa y una de Europa League. Más una clasificación para la Champions League. Falta la guinda de un título, palabras mayores, pero las bases están bien puestas. Al menos, se llega para tener la opción de disputarlo.

Y ahora, que vuelva a salir ese que hace menos de una semana salía a la palestra de manera ruin y oportunista, el que dibujaba un Athletic sin alma y andar vacilante.
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1 comentario

  1. Y como ganemos, que ahora veo que por qué no va a ser así, la alegría de toda una generación, por lo menos. Aunque yo la batalla por que la siguiente sea forofogoitia hace tiempo que la gané ;-)

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