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Las grandes consecuencias de los pequeños cambios

Las situaciones suelen revertirse, la mayoría de las veces, más por una concatenación de pequeños cambios que dan buenos resultados que por grandes revoluciones, que tienen, además, menos cabida en el Athletic que en ningún otro sitio. Resulta que este equipo, que tras un temporadón en el pasado ejercicio nos tenía en vilo por su errático deambular por las competiciones, ha dado, de la noche a la mañana, un cambio de rumbo considerable.

Enfiladas en Liga las posiciones que el equipo debería haber ocupado desde el inicio, incluso asumiendo que el paso por la máxima competición continental supondría pagar el peaje de no poder alcanzar zona europea, pero que con el nivel competitivo existente deberían rozarse; clasificado el equipo para una nueva final copera y aun lamentando haber salido de Europa demasiado pronto por no haber sabido gestionar algunos detalles contra el Torino, por primera vez en la temporada el entorno del club empieza a estar satisfecho con el rendimiento del equipo.

Porque volvió el grupo con crédito acumulado de Vigo, a pesar de que los tres puntos pareciesen más difíciles de lo que reflejó el juego durante los noventa minutos, consecuencia de no haber sabido matar el partido al descanso trajo la lógica reacción celtiña. Y es que no tuvo Aduriz su día, ni en lo que a rematar se refiere, raro en él, ni en lo que a la suerte respecta. Ahora que su nombre se había puesto de moda, que en los círculos madrileños se especulaba con su próxima llamada a formar filas en la lista del marqués salmantino, demostró ser humano, fallar remates más que claros y lesionarse como casi todos lo que acumulan años. De vida y de competición.

Se abre ahora, a pesar de que el próximo parón liguero favorecerá la recuperación de Aritz, un tiempo en el que el Athletic debe afrontar lo que queda de competición buscando mejorar su fútbol, consolidar el nivel de juego alcanzado y seguir aumentando, más si cabe, la competitividad de la plantilla, clave de lo sucedido en estas últimas semanas. Y trabajando una alternativa de futuro para la delantera, donde Williams presenta candidatura a base de esfuerzo salvaje pero no goles, y Guillermo presenta buenos movimientos aderezados con una indolencia impropia de un jugador de primera división.

Ahora que en la ciclotímica parroquia zurigorri toca reverdecer orgullo y sentimiento de pertenencia, no estaría de más recordar que, seguramente, el paso adelante del equipo ha venido, precisamente, por el partido disputado en el Power8 contra el Espanyol en Copa. Un golpe en la mesa que se produjo contra la opinión de muchos que abogaban por tirar la competición copera, incluso la europea, para centrarse en salvar el pellejo en liga. De nuevo, el descenso del listón en lo que a exigencia competitiva se refería, de nuevo la autocomplacencia por bandera, ese mantra de que bastante se hace con mantenerse en la élite con la política deportiva que se sigue. De nuevo la tradición como excusa, el medio como fin.

Y ha sido la plantilla, precisamente, cuando quizás menos se esperaba, y cuando más falta hacía, la que ha dado el paso al frente. En el momento en que el entrenador, por fin, ha dado su brazo a torcer en algunos aspectos, tomaba medidas y dejaba de insistir en algunas de las ideas que no acababan de funcionar. Valverde ha vuelto por sus fueros, a ser aquel entrenador que en su primer año acertaba con las decisiones tácticas, con los planteamientos, con los cambios.

Y el equipo lo ha agradecido, respondiendo. Se ha demostrado que en el armario había más prendas válidas de las que se venían usando. Incluso la versatilidad de algunas de ellas, que valen para días de sol y de tormenta. Leves cambios de posición (Muniain de media punta; Iraola de interior; San José y Beñat de mediocentros) han demostrado que muchas de las soluciones a algunos problemas estaban en casa, tan solo permutando las posiciones de algunos.

Porque hay quienes han aprovechado oportunidades y confianza (Williams, San Jose, incluso Beñat cuando le han dado la oportunidad de jugar donde mejor lo hace) y otros, como Ibai o Susaeta, en especial el primero, que a base de dejar pasar trenes se han encontrado con que ya no pasa ninguno.

Hay que felicitar a Valverde por haber sabido tocar la tecla, que haya dejado de resoplar, una constante desde Borisov; como hay que felicitar a la plantilla por haber sabido sacudirse la presión y volver a disfrutar un poco con el fútbol. De la noche a la mañana, tras la conjunción astral sufrida, el Athletic se presenta como un plantel más equilibrado, donde la competitividad le complican, para bien, las cosas al entrenador, donde los otrora indiscutibles como Iturraspe deben opositar como si empezaran de cero. Cosas que pasan, a veces, cuando se opta por soluciones cuando no queda más remedio. Ya pasó con Etxeita, que pasó de proscrito a indiscutible por necesidades del guion. Se ha repetido con San José y, de rebote, con Beñat.

No es baladí que el Athletic encadene cuatro victorias, que venza y convenza en partidos arbitrados por Undiano y Mateu. Paradójico lo de éste. Pitando un penaltito a favor de la causa, vaya usted a saber si para saldar deudas del pasado, pero dejando clara la mentira que representa. El apóstol del sigan, sigan volvió por sus fueros, a dejar al Athletic en inferioridad y a mostrar cinco tarjetas amarillas y una roja por tan solo doce faltas. Ese es Mateu, ese producto del marketing, el admirado por Mourinho, al que solo espero que despedacen el próximo domingo los pitbull mediáticos de Madrid y Barcelona.

Nosotros, a lo nuestro. A llegar vivos a mayo, a oxigenar el plantel, a ganar en autoestima, a competir sin presión. Porque la séptima plaza parece una quimera, y ojalá vuelva a equivocarme, y la octava casi una obligación. Porque obligación, lo que se entiende por deber ineludible, es salir a disputar la final de Copa. Se puede perder, pero de manera diferente, por favor, a como se hizo en Bucarest –todavía me duele la cornada tras seis mil kilómetros de viaje- o en el maldito Calderón.
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2 comentarios

  1. Lo malo de Mateu, ese producto o subproducto del marketing, es que en 48 horas cambia de criterio. Le estuve viendo en el Fiorentina-Roma, se dieron mucha más leña que en Balaidos y lo solucionó con 6 tarjetas, eso sí, cinco para Florencia y una para Roma, por si acaso. Esta vez acertó con el penalti a favor, para mí muy claro, para los de Cuatro e Iturralde, no lo era.
    En cuanto a Guillermo, discrepo de tu opinión, Gontzal, yo le veo ansioso, como si quisiera demostrar en poco tiempo lo que vale. Me parece un jugador muy interesante pero tierno para la primera división. Tiene gol, en segunda llevaría ya al menos 12, ojo, en el Bilbao Athletic tardó un par de años en despuntar.

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    1. Mateu, admirado Contini, y celebro leerte de nuevo por aquí, es eso, una mentira, un jeta, un tipejo que sabe bien cómo sobrevivir a esto, cómo pasar desapercibido para la prensa madrileña y catalana y, así, garantizarse la internacionalidad y la designación de los partidos que gustan. Veremos qué pasa el domingo. Ya estoy salibando.

      En lo de Guillermo... no sé. Le veo falta de carácter para triunfar arriba. La capacidad en categorías inferiores ha quedado acreditada, aunque le costase arrancar, como dices. Pero me da la sensación de que le falta algo. Claro que lo mismo decíamos de Llorente... y mira. Espero que, como tantas veces, tengas razón y yo no.

      Por el bien del Athletic, porque Aduriz tiene fecha de caducidad, aunque no queramos oírlo.

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