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Cuando los demás no fallan

Que no, que no. Que no se trata de quedar séptimo, de obtener esa plaza que da opción a participar en esa Intertoto travestida de premio de consolación y que daría la posibilidad a los meritorios zurigorris de conocer Europa tras acortar sus vacaciones veraniegas. De lo que se trata es de competir, de intentar llegar al 30 de mayo en las mejores condiciones físicas y anímicas como para poder, al menos, dar la cara en un partido clave.

Y es lo que el Athletic no ha conseguido hasta ahora salvo alguna racha puntual de victorias encadenadas, efímero oasis en un desierto futbolístico constante desde el pasado mes de agosto. El equipo no convence y aunque tampoco vence, su rachita de empates le valían como combustible mientras los rivales, por deméritos propios, se mantenían parados. Pero a diferencia de las anteriores jornadas, tras el empate contra el Deportivo el resto no fallaron.

Espanyol y Málaga aprovecharon la jornada y el punto cosechado el sábado pareció aún peor para quienes obvian lo cualitativo y tan solo juzgan al equipo en el aspecto cuantitativo. Ahora, todos descontentos. Porque el equipo siguen sin carburar y porque las incógnitas son mayores cada semana que pasa.

El once del Athletic es, hoy por hoy, una ecuación de tercer grado. Tiene tres incógnitas a estas alturas, palabras mayores, en las dos posiciones de la banda derecha y en la media punta. Valverde ha convertido cada jornada hasta la final copera en una Oferta Pública de Empleo, pero parece no haber demasiado aprobado entre quienes se presentan a las oposiciones. Con Mikel Rico como solución improvisada para poder encajar en alguna de las bandas a la altura del centro de campo; tirando del velocista Williams como solución para el costado que el de Arrigorriaga deje libre; poniendo una vela a Dios y otra al Diablo para que Iraola no falle el día de la gran cita, que  a ver cómo se remienda el roto en caso de no comparecer; y, seguramente, con una rifa para ocupar la media punta. Plom, dos, cuatro, seis, te ha tocado a ti, Viguera. O a ti, Aketxe. O igual a ti, Unai. O tú, Rico, que corres donde se te ponga. O tú, Beñat, aunque no te guste, que más atrás tenemos overbooking…

Anda Txingurri despistado, no tiene las ideas demasiado claras y utiliza cada jornada liguera como usaba el profesor Bacterio a Mortadelo y Filemón, o sea, de conejo de Indias ante cada misión. En la del sábado la cosa le funciono veinte minutos, lo que tardó el equipo en adelantarse en el marcador y en empezar a sestear para gozo de un Deportivo necesitado y a la desesperada.

Si la ausencia de juego es preocupante, la falta de definición de un esquema claro pone nervioso hasta al más flemático de los seguidores. Porque tampoco parece que la principal clave de la mala racha sea un problema físico, sino más bien una empanada mental de considerables dimensiones, la excesiva pérdida del control del juego, los fallos no forzados y la blandura en las posiciones más retrasadas.

Que contra Real y Depor el Athletic no haya sido capaz de mantener la ventaja, de saber administrar el juego, de obligar a sus rivales, buscarles a la contra complicándoles la vida, es significativo y viene a demostrar la ausencia de un patrón de juego, de un modelo.

Tan es así que el entrenador sigue buscando a falta de dos partidos para finalizar la Liga, repartiendo palos y zanahorias vía convocatoria a demasiados jugadores sin lograr el efecto motivación que parece lógico pensar que busca.

El punto logrado contra el Depor, de nuevo favorecido por un arbitraje más que amable, y ya son varios consecutivos, no anula las opciones para obtener la séptima plaza toda vez que el calendario de los rojiblancos es más amable que el de sus rivales, pero la solvencia del equipo contra los habitantes de la parte inferior de la tabla ya se está viendo cuál es.

Y lo importante, al margen de la dichosa plaza de consolación, sería a estas alturas gozar de un once tipo, de un esquema interiorizado (y memorizado) y de una forma de juego mínimamente solvente e interiorizada por un plantel que vive, exclusivamente, de la inspiración del impresionante Aduriz.

Quedan otras consideraciones adicionales que pueden resultar ahora ventajistas, aunque afortunadamente han quedado dichas aquí en otros momentos. Herrerín dejó en evidencia a quienes han apostado por él no ya solo para la Copa, seguramente más forzado Valverde por procurar ser coherente que por convicción deportiva, sino para su vuelta a Lezama, decisión del ahora cuasi apartado Jose Mari Amorrortu difícilmente comprensible y  que va quedando acreditada en excesivas ocasiones. Porque no se trata tanto de hacer paradas inverosímiles como de detener las que parecen más que parables.
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