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Las consecuencias del calendario y la falta de gol

El séptimo puesto liguero, ese injerto entre las antiguas Intertoto y Copa de la UEFA, es como el turrón del duro, que puede ser dulce pero también te puede acabar costando un par de visitas al dentista. Así, el tan cacareado mérito clasificatorio de la pasada campaña ha dejado al actual equipo de Valverde desfondado en el primer asalto de la temporada, ese que ahora, cosas del mundo del fútbol moderno que tan bien domina Tebas, obliga a competir a los equipos desde finales de julio para llegar a agosto con un calendario tan apretado como solo lo tenían antes los clubes que en febrero seguían vivos en tres competiciones.

El Athletic, que en los últimos años ha cogido el gusto a esto de las previas, es fiel reflejo de lo relativo que puede ser el premio. Clasificado para la fase de grupos de la Europa League, una cuasi obligación en lo deportivo, pero logrado con más pena que gloria, incapaz el equipo de demostrar su superioridad ante rivales poco más que voluntariosos, ha debido sudar sangre, sudor y lágrimas para poder certificar su condición de más que favorito.

Los esfuerzos en el deporte, ya se sabe, acaban siempre pagándose caros, por lo que la mala cabeza de los zurigorris, que ha alcanzado niveles preocupantes y desesperantes  contra el semiprofesional Zilina, ha tenido como contrapartida que el Athletic, ahora que tiene la suerte de poder descansar un par de semanas -todo un lujo para un plantel agotado-, deba comenzar en quince días contra el Getafe una liga de treinta y seis jornadas, descontados ya el descafeinado enfrentamiento contra el Barça, donde casi siempre toca doblar la rodilla, y la derrota con imagen preocupante ante el Eibar.

Había advertido Mendilibar cuáles serían las claves, y el Athletic, salvo los minutos iniciales, poco más de diez, acabó por darle la razón: los rojiblancos acabarían pagando los excesos del calendario. Y así fue. Los armeros fueron dueños y señores de un encuentro en el que les bastó con hacer gala de sus señas de identidad, y con el paso de los minutos la balanza acabó por decantarse hacia el lado que casi todos suponían.

El líder Eibar no es que hiciera nada del otro jueves, que tampoco es que tenga mimbres como para pasar a los anales de la historia de este deporte, pero con una entrega incondicional, más detallitos de Dani García o Adrián, le dieron para incomodar a un Athletic que sólo confiaba en la capacidad de Beñat para dar con la tecla. O sea, darle alguna a Aduriz, cuasi única esperanza en este equipo para encontrar la vía hacia el gol. Pero estuvo desacertado el de Igorre.

Así discurrían los minutos, con el Athletic ausente, con un fútbol plagado de errores y un Eibar que sabía perfectamente qué hacer, principalmente por su banda derecha, donde la inaceptable actuación de Ibai y la ternura de Lekue convirtieron el carril diestro en el tercero de la autopista A8. El dominio del Eibar no se traducía, bien es cierto, en agobios defensivos para el Athletic, hasta que Laporte decidió sacar a escena a su alter ego Aymeric, ese central sobradito, el beckenbauer de Agen, que además de perder el balón tras una frivolité, más de lo mismo, tomó la decisión de hacer el bulldozer a la hora de intentar recuperar el cuero dentro del área. Todo ello delante de Fernández Borbalán, que ya sabemos que nunca perdona casi nada al Athletic.

El lacerante error del central galo dolió, metió en el partido definitivamente a un Eibar sin ganas de regalar ni desaprovechar nada, y puso el partido demasiado cuesta arriba para un equipo cogido con pinzas en lo físico. Hubiese sido un encuestro para ver de no mediar el error defensivo, de analizar qué podía haber sucedido si hubiera llegado empatado a cero al descanso y con el Eibar vaciado en un día plagado de calor. Pero de hipótesis ni se vive, ni se habla, ni se escribe.

Valverde volvió a no acertar en lo táctico, y aunque siempre es fácil decirlo cuando se pierde, los cambios al descanso son un buen indicativo de que el propio técnico decidió enmendarse a sí mismo la plana. Las variaciones, con todo, fueron testimoniales, puesto que el equipo ni tan siquiera mejoro algo. Que no se chutara a puerta  hasta pasada la hora del partido deja por sí solo claro el despropósito perpetrado.

Quedan ahora dos semanas para recuperar físicamente al equipo y desahuciar a los que se han hecho fuertes en la atestada enfermería, asunto que da como para escribir una novela. Desde luego sorprende, sorprende que el equipo se resienta tanto, que jugadores como Williams recaigan en una decisión cuestionable tanto del cuerpo técnico como, sobre todo, del responsable físico-médico y que casi nadie entre al debate más allá, se dice, de las lógicas lesiones de un calendario tan cargado. 

Puede que sea así. Pero contrasta el actual buenismo, o la pasividad, con respecto al de hace tan solo tres años, cuando hasta las fascitis plantares de quienes nos sentamos en la grada eran achacables al salvaje ritmo de juego que Bielsa pretendía.

Bien es cierto que todo queda en segundo plano teniendo en cuanta que casi se han reverdecido laureles y que la gabarra no ha vuelto a ver la luz por los pelos de Mikel Rico. Uno agradece la cordura, no sé bien si porque Urrutia ha vuelto a ejercer de guardián de las esencias o porque ni tan siquiera había margen de tiempo para ello, pero sea bienvenida una celebración proporcional al logro deportivo, que aquí, enseguida, nos venimos arriba con tal de organizar una juerga con cualquier excusa.

La lástima es que, a pesar de todo, del varapalo en casa al Barcelona, de la lección dada a unos culés en baja forma pero con Messi y Suárez de titulares, el equipo no acabe, como deseábamos algunos con más esperanza que otra cosa, de dar el paso adelante, ese salto competitivo definitivo tan deseable. Y es que este equipo pasa del balcón del Ayuntamiento al ridículo de la remontada del Zilina en demasiadas pocas horas.

Quizás en eso pueda Valverde darle tiza y pizarra a Raúl García y el bizarro navarrico al que hace unos años no caíamos demasiado bien pueda explicar, con luz y taquígrafos, qué tecla tocó Simeone cuando relevó al triste profesor Manzano al frente de la troupé colchonera y convirtió en una máquina de competir a un grupo de pusilánimes. Eso, o que revele qué coño desayunaron aquel nueve de mayo en Bucarest.

Entretenido va a estar el parón liguero, que para eso somos tan así en Bizkaia, de montar debates serenos y reflexivos. Nótese que aquí la ironía la escribimos en cursiva. O mejor, bastardilla. Que tire la primera piedra aquel que pertenezca a algún grupo de debate rojiblanco, barra de bar, grupo de guasap, o rellano de corrala, en el que muchos no se hayan abierto ya las carnes por el fichaje del tal García.

No seré yo quien muestre ahora simpatía por un tipo al que supongo que solo es fácil tolerar cuando viste los colores de tu equipo, ni dejar de reconocer que me ha cabreado su otro fútbol, de la misma manera que he admirado su espíritu ganador y su capacidad para competir hasta el último segundo. O dejar de reconocer que son fichajes cogidos por pinzas en el Athletic, que se producen cuando es evidente que existe escasez de mercado, carencia de alternativas a corto plazo, y una preocupante carencia en la generación de ocasiones de gol. Tampoco quien hurte la posibilidad a quienes pretenden abrir el debate sobre si no sería más honesto, puestos a traer raúles en base a su supuesta profesionalidad, abrir los límites e incorporar a profesionales pagando su verdadero precio y teniendo donde elegir.

Pero mientras el Athletic siga siendo como es, en tanto en cuanto socios y aficionados, de manera casi generalizada, sigamos defendiendo el actual modelo, la tradición de jugar con gente nacida o criada futbolísticamente en Euskal Herria, no negaré que, hoy por hoy, Raúl García aporta al Athletic un plus importante donde más lo necesita: en la capacidad de marcar gol, de competir y una polivalencia que un entrenador siempre está dispuesto a pagar.

No se nos olvide, que al calor del debate la memoria suele fallar, que en este Club el hijo de un expresidente de la Real ha puesto a la grada en pie, con su juego y con sus lecciones ante el micrófono. O que un tal Urzaiz, al que solo se convenció para venir a Bilbao a base de ceros, es hoy tan del Athletic como el que más. Tiempo al tiempo, y juzguemos lo que veamos en el césped.
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1 comentario

  1. Hola Gontzal:

    La llegada de Raúl García es una buena noticia, aunque ha sido una pena que no hubiera venido unos años antes. Aun recuerdo cuando "El Tigre" pedía en este mismo blog su fichaje, y al final aquí está.
    Raúl creo que nos dará carácter, algo de gol, envergadura, remate a balón parado, disparo, y polivalencia.

    Sobre lo que dices de Laporte, es verdad que debe mejorar su concentración y no ir de "sobrado" porque no es la primera vez que nos penaliza.

    Y como bien dices, comenzamos una liga de 36 jornadas tras una pretemporada atípica y mucho viaje. Y como curiosidad fijate que el stage de Austria fue de 4 días creo, por comentar.

    Saludos de Somo!

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Aldez aurretik, eskerrik asko. Gracias por anticipado.