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Enésima rotación total fallida

No es el asunto de las rotaciones la especialidad de Ernesto Valverde. Seguramente, como pasa con eso de Santa Bárbara, que se recurre a ella cuando truena, Ernesto tira de los meritorios solo cuando el agua competitiva le llega hasta los tobillos. Entonces, pasa a tener una confianza ciega en aquellos de quienes poco se acuerda en época de calendarios bonancibles.

En Villarreal podía intuirse qué iba a suceder desde que en rueda de prensa, allá por el viernes, ya advertía Txingurri que el once sería novedoso. Y tanto. O no. Porque Valverde encara su quinta temporada como técnico rojiblanco y ya vamos todos conociéndonos.
Así que a un equipo más que novedoso, principalmente de medio campo en adelante, se le unió un Villarreal que en esta ocasión tiró de los más habituales para seguir acumulando puntos en este arranque liguero, que ya se sabe que los inviernos, máxime cuando se viaja por Europa, suelen ser algo más que fríos.

Podría asemejarse el guion de ayer por Castellón al que se viera hace no demasiado en Ipurua, aunque con un Athletic más aseado en defensa y contundente a la hora de no dejar jugar. Y como allí, en Vila-Real, los rojiblancos empañaron el trabajo en una jugada al filo del descanso, cuando Gurpegi, primero, estuvo blandito en una disputa y después mostrara dentro del área una inocencia impropia de alguien con tanta cicatriz en esto de las batallas por los campos ligueros.
Ahí estaba Clos, ese hombre que hasta el momento tan solo se había molestado en hacer la vista gorda con el juego brusco de los locales, para aparcar la desidia señalando un penalti que sólo se lo parecía a él, que tenía, como casi siempre, muchas ganas, y a Marcelino, ese cretino.

Puede que no deba ser excusa la labor arbitral, o no solo máxime visto el rendimiento de los rojiblancos en el global de partido, y la comentada probatura de Valverde, inadecuada no solo tras ver el resultado. Y es que hay apuestas que resultan no ya arriesgadas, sino cuasi suicidas, desde que el delegado del equipo entrega la relación de dorsales al árbitro. Dicho esto, resulta inaceptable que un colegiado pueda apreciar con meridiana claridad la presunta falta de Gurpegi a Baptistao y pase por alto un agarrón claro, clamoroso, al propio Carlos en área rival. Como parece incomprensible la celeridad en amonestar a Laporte –que alguien en Lezama, por cierto, le baje la cresta a este Le Coq- o la facilidad con la que apreció en una simple disputa  un codazo de Aduriz, merecedor de amarilla para el trencilla. Pero con este sibilino aragonés ya se sabe, una vez más le traicionaron sus ganas de ver con el Athletic y su condición de ciego que no quería ver con un Villarreal que triplicó en faltas a los zurigorris, para deleite del entrenador rival, eterno sembrador de sospechas que ayer no pió sobre el arbitraje, y la absoluta impunidad, por ejemplo, de Bailly.

En lo deportivo, poco pudo destacarse del Athletic, más allá del voluntarioso trabajo de retaguardia la primera mitad, que se fue por el sumidero con el penalti. Con un aplicado San José, con la vuelta de un Balenziaga que aporta firmeza defensiva, y con el esfuerzo encomiable de un Rico voluntarioso pero muy desacertado en las entregas, el Athletic, bien plantado, que no dejaba progresar al Villarreal, naufragó en la creación, incapaz de filtrar un pase a una línea ofensiva inédita formada por Merino y Aketxe en bandas y Eraso en mediapunta, incapaces de conectar con un Kike Sola inédito, al que pocos balones pusieron en las botas.

Con estos mimbres, máxime tras el penalti, poca esperanza hubo de revertir la situación visto el juego tras la reanudación y menos aún tras el trallazo de Mario que supuso el dos a cero. Fue a partir de ahí cuando Valverde, rendido a la evidencia, tanto del marcador como de lo desacertado de su apuesta, intentó enmendar el asunto, a la desesperada, dando entrada, a la vez, a Aduriz y Raúl García. El gesto, por sí solo, vale para ilustrar lo discutible de concebir las rotaciones como un todo o nada.

El tercero del Villarreal, cuando el Athletic buscaba con posibilidades, por primera vez, acortar distancias en el marcador, fue un mazazo en toda regla que solo pudo, como no, maquillar Aduriz.
Poco margen queda ya para el análisis de lo que pudo ser y no fue en un campo casi siempre maldito. Los tres puntos que se fueron al limbo casi sin disputa, podrán volver a la memoria si el miércoles no se planta cara a un Real Madrid casi siempre letal o si el domingo una Real Sociedad herida saca adelante, más necesitada que nunca, su partido del año.


Y es que hay apuestas que resultan demasiado arriesgadas. Pero o no se aprende, o no se quiere aprender. Así que, por lo menos, tenemos la certeza de que el miércoles el partido contra los merengues se disputará con todo. Cosas del fútbol, mundo en el que las matemáticas son tan distintas y donde tres puntos contra el Real Madrid –tan difíciles de lograr- parecen poder compensar tres puntos no disputados con todas las de la ley a un Villarreal. 
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