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El dichoso villarato

Cuando Alfredo Relaño inventó el término villarato para poner nombre a los supuestos beneficios federativos en favor del Barcelona y para perjuicio del Madrid, algunos de los que conforman la patulea mediática que jalea a Florentino metieron en el mismo saco a nuestro Athletic difundiendo la patraña de que era otro de los beneficiados por la presencia del bilbaino y exrojiblanco Angel María Villar al frente de la Federación.

Ayer, tras esa kafkiana junta directiva de la RFEF que volvió a acreditar en manos de quiénes está el fútbol, la teoría del trato de favor hacia el Athletic quedó hecha añicos, para disgusto de esa Federación Andaluza de Fútbol que pretendía que la final copera se disputase en el Villamarín, y volvió a acreditarse que el fútbol, sea a través de la Federación o de la LFP, está en manos de los dos mal llamados grandes.

Del Madrid, porque a Florentino en España nadie le tose ni le hace descender de la burra de la sinrazón y la prepotencia. Del Barcelona porque gracias a los tejemanejes del imputado Bartomeu y del otrora máximo mandatario y muñidor de tantas conspiraciones, Joan Gaspart, vicepresidente federativo, además de empresario hotelero y presidente de Turisme de Barcelona, ojo al dato (y a los intereses) que diría el Butano, los culés se garantizaron el mejor de los escenarios posibles a sus intereses ante lo que parecía un más que probable partido en tierras sevillanas.

Llueve sobre mojado, por lo que aun cuando no sorprende, tampoco deja de molestar ver los intereses del Athletic pisoteados. Y no es asunto de responsabilizar a Josu Urrutia, como ayer pretendían todos esos que aguardan agazapados cualquier ocasión propicia para asestar una toñeja al lekeitiarra. O como insinúa de manera artera un diario bilbaino que no deja pasar ocasión para demostrar a la junta directiva las consecuencias de no cederle el monopolio informativo de la actualidad zurigorri.

Guste o no, se quiera admitir o no, los intereses del Barcelona prevalecen. Prevalecen sobre todos los del resto. También sobre los del equipo de Villar. Sean defendidos por Urrutia, puede, dicho sea de paso, que con escaso predicamento en los foros futboleros, o con otros que aun teniendo la misma condición de tahúres que la casta dirigente futbolera que conforma la directiva de la Federación, también sucumbieron ante los tejemanejes blaugranas aceptando Valencia, la opción defendida por los catalanes, como destino en 2009.

La Federación le debe otra al Athletic, toda vez que la final se disputará en el peor de los escenarios posibles. Nos queda el nunca productivo recurso al pataleo, generar encendidos debates sobre la gestión de la directiva, lamentar nuestra suerte de encontrar siempre el mismo rival en las finales… Pero lo cierto es que siempre es mejor hacer de la necesidad virtud, celebrar que habrá entradas para una inmensa parte de los socios y jugar, por qué no, con el efecto psicológico y la presión de quien no quería poder verse en la tesitura de perder un título en casa. Si el Deportivo inventó el centenariazo humillando al Madrid, si el Atlético ganó la Liga hace menos de un año en el Nou Camp, ¿por qué no puede este equipo 57 años después emular a los once aldeanos?

Hay argumentos para todos los gustos, opiniones de gentes del fútbol que ven la opción elegida como la peor y otros que lo consideran el mejor escenario. Es el que es. Esperemos que la plantilla sepa motivarse, el entrenador hacer llegar al equipo en las mejores condiciones, prorrogando la actual racha y que los que estemos en casa sepamos estar a la altura y entregarnos para que el equipo, que estará aislado en el hotel, se sienta como en casa cuando salga hacia el campo.

PD

No puedo despedir estas lineas sin acordarme, nuevamente, de él. Eskerrik asko, Txule. Una vez más has vuelto a poner por delante del Athletic tus intereses en esa multinacional del fútbol, a practicar los juegos malabares y las negociaciones por detrás que te han llevado, nuevamente, a la vicepresidencia de FIFA, que son las mismas que ha utilizado el Barcelona para que prevalezcan sus intereses. Cómo me gusta ser del Athletic, pero qué asco me da el mundo de fútbol.

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Las grandes consecuencias de los pequeños cambios

Las situaciones suelen revertirse, la mayoría de las veces, más por una concatenación de pequeños cambios que dan buenos resultados que por grandes revoluciones, que tienen, además, menos cabida en el Athletic que en ningún otro sitio. Resulta que este equipo, que tras un temporadón en el pasado ejercicio nos tenía en vilo por su errático deambular por las competiciones, ha dado, de la noche a la mañana, un cambio de rumbo considerable.

Enfiladas en Liga las posiciones que el equipo debería haber ocupado desde el inicio, incluso asumiendo que el paso por la máxima competición continental supondría pagar el peaje de no poder alcanzar zona europea, pero que con el nivel competitivo existente deberían rozarse; clasificado el equipo para una nueva final copera y aun lamentando haber salido de Europa demasiado pronto por no haber sabido gestionar algunos detalles contra el Torino, por primera vez en la temporada el entorno del club empieza a estar satisfecho con el rendimiento del equipo.

Porque volvió el grupo con crédito acumulado de Vigo, a pesar de que los tres puntos pareciesen más difíciles de lo que reflejó el juego durante los noventa minutos, consecuencia de no haber sabido matar el partido al descanso trajo la lógica reacción celtiña. Y es que no tuvo Aduriz su día, ni en lo que a rematar se refiere, raro en él, ni en lo que a la suerte respecta. Ahora que su nombre se había puesto de moda, que en los círculos madrileños se especulaba con su próxima llamada a formar filas en la lista del marqués salmantino, demostró ser humano, fallar remates más que claros y lesionarse como casi todos lo que acumulan años. De vida y de competición.

Se abre ahora, a pesar de que el próximo parón liguero favorecerá la recuperación de Aritz, un tiempo en el que el Athletic debe afrontar lo que queda de competición buscando mejorar su fútbol, consolidar el nivel de juego alcanzado y seguir aumentando, más si cabe, la competitividad de la plantilla, clave de lo sucedido en estas últimas semanas. Y trabajando una alternativa de futuro para la delantera, donde Williams presenta candidatura a base de esfuerzo salvaje pero no goles, y Guillermo presenta buenos movimientos aderezados con una indolencia impropia de un jugador de primera división.

Ahora que en la ciclotímica parroquia zurigorri toca reverdecer orgullo y sentimiento de pertenencia, no estaría de más recordar que, seguramente, el paso adelante del equipo ha venido, precisamente, por el partido disputado en el Power8 contra el Espanyol en Copa. Un golpe en la mesa que se produjo contra la opinión de muchos que abogaban por tirar la competición copera, incluso la europea, para centrarse en salvar el pellejo en liga. De nuevo, el descenso del listón en lo que a exigencia competitiva se refería, de nuevo la autocomplacencia por bandera, ese mantra de que bastante se hace con mantenerse en la élite con la política deportiva que se sigue. De nuevo la tradición como excusa, el medio como fin.

Y ha sido la plantilla, precisamente, cuando quizás menos se esperaba, y cuando más falta hacía, la que ha dado el paso al frente. En el momento en que el entrenador, por fin, ha dado su brazo a torcer en algunos aspectos, tomaba medidas y dejaba de insistir en algunas de las ideas que no acababan de funcionar. Valverde ha vuelto por sus fueros, a ser aquel entrenador que en su primer año acertaba con las decisiones tácticas, con los planteamientos, con los cambios.

Y el equipo lo ha agradecido, respondiendo. Se ha demostrado que en el armario había más prendas válidas de las que se venían usando. Incluso la versatilidad de algunas de ellas, que valen para días de sol y de tormenta. Leves cambios de posición (Muniain de media punta; Iraola de interior; San José y Beñat de mediocentros) han demostrado que muchas de las soluciones a algunos problemas estaban en casa, tan solo permutando las posiciones de algunos.

Porque hay quienes han aprovechado oportunidades y confianza (Williams, San Jose, incluso Beñat cuando le han dado la oportunidad de jugar donde mejor lo hace) y otros, como Ibai o Susaeta, en especial el primero, que a base de dejar pasar trenes se han encontrado con que ya no pasa ninguno.

Hay que felicitar a Valverde por haber sabido tocar la tecla, que haya dejado de resoplar, una constante desde Borisov; como hay que felicitar a la plantilla por haber sabido sacudirse la presión y volver a disfrutar un poco con el fútbol. De la noche a la mañana, tras la conjunción astral sufrida, el Athletic se presenta como un plantel más equilibrado, donde la competitividad le complican, para bien, las cosas al entrenador, donde los otrora indiscutibles como Iturraspe deben opositar como si empezaran de cero. Cosas que pasan, a veces, cuando se opta por soluciones cuando no queda más remedio. Ya pasó con Etxeita, que pasó de proscrito a indiscutible por necesidades del guion. Se ha repetido con San José y, de rebote, con Beñat.

No es baladí que el Athletic encadene cuatro victorias, que venza y convenza en partidos arbitrados por Undiano y Mateu. Paradójico lo de éste. Pitando un penaltito a favor de la causa, vaya usted a saber si para saldar deudas del pasado, pero dejando clara la mentira que representa. El apóstol del sigan, sigan volvió por sus fueros, a dejar al Athletic en inferioridad y a mostrar cinco tarjetas amarillas y una roja por tan solo doce faltas. Ese es Mateu, ese producto del marketing, el admirado por Mourinho, al que solo espero que despedacen el próximo domingo los pitbull mediáticos de Madrid y Barcelona.

Nosotros, a lo nuestro. A llegar vivos a mayo, a oxigenar el plantel, a ganar en autoestima, a competir sin presión. Porque la séptima plaza parece una quimera, y ojalá vuelva a equivocarme, y la octava casi una obligación. Porque obligación, lo que se entiende por deber ineludible, es salir a disputar la final de Copa. Se puede perder, pero de manera diferente, por favor, a como se hizo en Bucarest –todavía me duele la cornada tras seis mil kilómetros de viaje- o en el maldito Calderón.

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Diga treinta y tres. Victoria y vendetta.

Donde más puede dolerle al Pérez más famoso –con permiso del ratón-. La penitencia, a la altura del pecado. Que no quiere alojar una final con el Athletic como contendiente, pues se le vence en el terreno de juego y se le deja en bandeja de plata el liderato liguero a su eterno rival. Así, sin insultos, como hace tres años. Primero, porque no es el estilo que mejor representa al Athletic y, segundo, porque siempre te puede aparecer Tebas, el palanganero que don Florentino puso al frente de la Liga para que defendiese sus intereses en la patronal de la Liga, un zorro al frente del gallinero en el que cacarean más alto quienes más tienen que perder para satisfacción del silente gallo del corral, con poca cresta pero con gafas, corbata y maneras gangsteriles.

Y así, contra todo pronóstico, en el momento de más dudas sobre la posible respuesta física de un Athletic baqueteado por lo cargado del calendario y la penalización adicional a la que, precisamente, le somete el tal Tebas con las arbitrarias decisiones en lo que a los días y horas de los partidos se refiere, van los leones, desmelenados desde hace una semana, marcándose un partido de los que hacen salir de San Mamés henchido de gozo hasta al más exigente de los aficionados.

Todo un alarde de fuerza, de lucha, de garra, de entrega, para doblegar al rival que más gusta en La Catedral. Y una victoria de las de antes, basada en la identificación de los jugadores con los colores que visten, con fútbol made in Athletic, ese que ha sido santo y seña de este Club. Se cierra una semana en la que el aficionado ha podido recuperar el orgullo herido, la ilusión, la confianza. Y todo ello basado, principalmente, en el rendimiento de un equipo que ha dado, por fin, la de cal. Espoleado no se sabe muy bien por qué, el partidazo contra el Espanyol tuvo su segundo acto contra el Real Madrid.

Con un once condicionado, pero sin excusas, resultó que el Atheltic le comió la tostada a un pusilánime Real Madrid, que se fue derrotado sin oponer resistencia en la primera mitad y que para cuando quiso poner remedio, se encontró con once tipos dispuestos a guardar la renta con uñas y dientes. Sin necesidad del otro fútbol, de polémicas, de beneficio arbitral, a base de coraje, de sudor, del trabajo denodado de todos y cada uno, como debe ser para vencer a uno de estos catálogos de futbolistas, pues no es otra cosa el Madrid.

Con un Aduriz que llama la atención a sus treinta y cuatro más allá de nuestras fronteras, un líder más humilde y trabajador que el más elemental de los peones; con una defensa salvaje donde Gurpegi renació de sus cenizas, Etxeita continua con humilde entrega total, un mejoradísimo Balenziaga, que no cedió un milímetro al tal Bale, de Marcos haciendo gala del atleta que esconce bajo la zurigorri…

Qué decir del centro del campo. Obligado Valverde a confiar en Beñat donde casi todos queremos verle, el de Igorre se marcó, por fin, el partido que llevábamos esperando desde que rompimos la hucha para entregar muchos de nuestros ahorros al Betis. Porque Rico no sorprendió, solo cabe agradecer un esfuerzo sobrehumano que le hizo acabar con calambres a la finalización del encuentro. Munain, mejoradísimo sin los rigores tácticos de ser alineado por la banda zurda; Iraola regalando una lección de lo que es aplicar la inteligencia cuando el físico flojea, a sus quinientos partidos, el día que el Txopo le da la bienvenida a su Club, el de las leyendas; o Williams, el bueno de Iñaki, que decide dar el paso definitivo al frente el día que más lo agradece la parroquia, en ese partido en que sobre el tapete hay más focos que nunca. Pues date. El chaval se marca un partidazo para la esperanza, para dar, de paso, con la puerta en las narices a los que tildan la tradición del Athletic de racista. Un vasco, negro, hijo de africanos, criado en categorías inferiores. Hala. A jugar a pala. Que busquen otro argumento para poner al Athletic en evidencia. A ver si lo encuentran.

Ahí estaba, otra chorrada, inventada por los insensatos capaces de organizar una güija para invocar el espíritu de Juanito, ahora que parece que lo de tridente ya no tiene adeptos, airean eso de la BBC. Pero sólo acabaron sonriendo los que sintonizan ETB. Sacaron a Chicharito, pero tan solo valió el bacalao, el que cantaría seguro el gran Hoss desde algún sitio. El que transformó Aduriz, tras gran jugada por banda y mejor centro de Rico, un golazo que en tribuna norte cantamos desde el momento en que el remate salió de la cabeza de Aritz.

Claro que hubo que sufrir, que tener fortuna. Aunque también la tuvo el Madrid cuando Aritz robó la cartera por segunda vez al matarife Pepe y el balón se estrelló en el palo. Vaya esa por la que se le fue a Bale a la madera, en la más clara del partido.

Mérito adicional tiene vencer con el trencilla designado por la Federación, el tal Undiano, un tardorequeté que por si solo es capaz de desequilibrar la balanza del lado merengue, con más peligro que si el trío arbitral estuviese compuesto por Yolanda Barcina y auxiliada en bandas por Miguel Sanz y Jaime Ignacio del Burgo. Pero no pudo el bueno de Mallenco. El Athletic lo bordó, no necesitó ir más allá del reglamento y se lo pusieron imposible al que tanas tardes ha amargado a este equipo.

Como amargado acabó Cristiano, que no dio una a derechas, desesperado e iracundo, abucheado por un San Mamés que supo crispar al portugués sin necesidad de dar argumentos a Tebas, aspirante ahora a Cid Campeador del juego limpio en el fútbol y que lleva camino de coartar la libertad de expresión a cualquier aficionado. Uno se lo puede imaginar hoy, escuchando los abucheos a Cristiano del derecho y del revés por ver si puede encontrar algo punible donde no hubo más que una concatenación de ues.

Llega el Athletic a una posición cómoda en la tabla, en la que, a pesar de las buenas noticias, sigue dando rabia comprobar que el equipo no haya sabido engancharse a esto de la Liga un poco antes, toda vez que la séptima plaza que daría derecho pasaporte para Europa parece lejana para un equipo que no ha dado sensación de saber competir hasta hace escasos días.

Esperemos que las alegrías lleguen para quedarse. Clasificación copera, respiro en Liga, normalización del calendario y varios jugadores demostrando que el plantel es algo más amplio de lo que el propio entrenador creía. Así que la entrega de unos y el aparcar la terquedad del otro deben dar lugar a una oxigenación que propicie llegar el 30 de mayo con opciones de todo. El camino es el de ayer. Porque no es peor el Madrid que el Barça ni viceversa. Estos, que se han pasado la crisis vía puente aéreo, son vencibles. La historia se lo debe al Athletic. Y esta plantilla debe a su afición una final competida. Por nosotros que no se preocupen. El éxodo está garantizado. Sea al Caloret de doña Rita –a ver si nos deja algo de alcohol la buena señora- o a acabar con las reservas de fino a La Cartuja.

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La alegría del año

Diez años después se desquitó Valverde, volvió a sonreír, que ya es noticia, sobre todo por lo que simboliza, y llega a una final copera con el Athletic que es algo muy especial, que solo se entiende si se ha mamado desde dentro, y que hace que el veredicto sobre la temporada cambie de la noche a la mañana.

Y cambia porque llegar a la final es algo muy importante para el Athletic, de lo que ha vivido este Club toda la vida, y que suele servir para enganchar a las nuevas generaciones al tren de la historia. Si, además, se consigue con un juego del que sentirse orgulloso, no por la brillantez, pero sí por la intensidad, por la convicción, por la determinación de pelear, de dar la cara y hacer lo posible por seguir adelante. ADN de león.

Porque el Athletic pasó porque lo mereció, porque no se dejó atenazar por los nervios, la responsabilidad o la dificultad de la empresa. Salió a buscar el pase, a no especular, a erradicar el dominio intrascendente en el centro del campo y optar por la presión, la velocidad y la verticalidad. 
El resultado no pudo ser mejor al descanso ni la imagen más ilusionante desde el principio, con diversas llegadas y ocasiones, donde no fallaron ni Aduriz, inventándose un gol que sigue convirtiéndolo en leyenda de la era moderna del Club, ni Etxeita, otro ejemplo de jugador de Club que aprovecha las oportunidades. Ambos buenos ejemplos de lo que debe ser el Athletic, si bien lo de Aritz merece una consideración especial.

Volvió a actuar Valverde, como se le reclamó durante los perores momentos de la temporada, tomó decisiones y acertó. Optó por Williams en la vanguardia izquierda, inédito ahí hasta ahora, y acertó, yendo el chaval de poco a bastante; por Muniain, muy mejorado, centrado de nuevo, en el terreno y en lo conceptual; con Iraola y de Marcos volviendo a intercambiar posiciones, lateral de Marcos para aprovechar su descomunal físico, interior el de Usurbil para aprovechar su indiscutible toque y calidad ahora que las fuerzas flaquean, como es lógico para quien acumula quinientos partidos.

Y no sería justo no reconocer el descomunal trabajo, la genial aportación de un mejoradísimo San José, sospechoso habitual de tantos -y no puedo tirar la primera piedra-, que protagonizó, seguramente, su mejor partido como medio centro, recuperando prácticamente todo, entregado, concentrado y generoso en las ayudas. A su lado, Rico volvió a protagonizar otra lección de destajismo que desesperó y descolocó al Espanyol. Claro que cabría pedirles precisión en las entregas, algo de pausa, pero si pudieran darlo, estaríamos hablando de jugadores únicos, de otro nivel. Así que quedémonos con sus virtudes.

Pudo el Athletic ganar por más, por alguno más, como también pudo haber visto recortada la diferencia de goles en el marcador, cierto que en menor medida, puesto que los tiros a puerta fueron mayoritariamente zurigorris. Pero triunfó la zaga, con un buen Gurpegi, un asentadísimo Etxeita y un batallador Balenziaga, aunque éste protagonizara una jugada que pudo costar muy cara por una confianza excesiva en una cesión con su pierna derecha. Afortunadamente, Herrerín enmendó el error de su compañero, igual que apareció milagrosamente en la segunda parte para enviar al palo y detener un intento de Caicedo de clonar el uno a cero de Aduriz. Merece una mención especial Iago, un portero diferente, que a algunos cuesta  que nos convenza por ese estilo tan opuesto a lo que tradicionalmente ha sido un portero en el Athletic. Pero a él se debe, en gran medida, el pase, por su actuación no sólo en esta eliminatoria. Baste recordar los enfrentamientos contra Málaga, Celta o Alcoyano para comprender la importancia del portero en la llegada a la final.

Y ahí está el Athletic, dispuesto a enfrentarse al Barcelona en otro partido a cara o cruz, que también es mala suerte. Lo dice Txingurri y es cierto, no hay duda de quién es favorito. Como también resulta obvio que ganar un partido está al alcance y que para ello debe empezar a mentalizarse el grupo.
Lo importante, de todas maneras, es plantarse donde toque, aunque todo apunte a Valencia. Para volver a movilizar a la afición, en otro éxodo masivo, a engalanar Bizkaia de banderas rojiblancas. A sacar el orgullo del cajón en que llevaba guardado desde que el año pasado se certificase la cuarta plaza. La temporada, desde luego, no ha sido grata para la afición, demasiados sinsabores, excesivas decepciones.

Pero no es menos cierto que, si se hace una lectura sosegada de los últimos años, el Club ha entrado en una dinámica muy positiva en lo que a capacidad de competir se refiere, de logros deportivos. Y no sería justo no reconocer que los cuatro años que ahora se cierran para la actual directiva ha sido todo un paso adelante en ese sentido. Tres finales. Dos de Copa y una de Europa League. Más una clasificación para la Champions League. Falta la guinda de un título, palabras mayores, pero las bases están bien puestas. Al menos, se llega para tener la opción de disputarlo.

Y ahora, que vuelva a salir ese que hace menos de una semana salía a la palestra de manera ruin y oportunista, el que dibujaba un Athletic sin alma y andar vacilante.

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El Athletic, al menos, resucita en Liga

Además de por los tres puntos, importantes para abrir brecha con respecto a los puestos del descenso y poder desterrar así unas angustias que maniatan a un equipo llamado a otras metas, el hecho de que la victoria se produjese en un momento de dudas tras la eliminación europea, es una buena noticia por sí misma. Si a ello se une que el equipo consiguió una victoria más placentera de lo que el ajustado marcador indica, que se obtuvo, de nuevo, cuando el entrenador decidió tirar de varios de los menos habituales y de que a una primera parte más que decente le sucedió una segunda más gris, pero en la que el equipo no sufrió en absoluto, la semana deportiva se encara con otra tranquilidad.

Y es que salió el Athletic mandón a Ipurua, un campo en el que a pesar de que el Eibar no se encuentre en el mejor momento de la temporada, es difícil triunfar si no vas ataviado con el mono de color mahón. Los diez primeros minutos de dominio absoluto pero poco trascendente en el balance ofensivo, dieron lugar a dos llegadas de los armeros, las de más peligro de todo el partido, y a partir de ahí volvió el dominio zurigorri, que llevó aparejado manejo del partido y creación de ocasiones, desbaratadas por un meritorio Jaime, decidido a presentar candidatura a la titularidad toda vez que al bueno de Irureta le ha dado últimamente por cuidar su carrera como cantautor.

Los méritos del cancerbero azulgrana fueron suficientes para mantener la incertidumbre del resultado hasta el final, más por los miedos que produce este Athletic, capaz de ceder ventaja al rival a la mínima ocasión que asome el morro por el área de Iraizoz. Pero no sucedió. Los rojiblancos plantearon un encuentro muy serio, cedieron la iniciativa a un Eibar que se mostró incómodo con la necesidad de manejar el balón, presionaron hasta hartarse a los locales y buscaron la velocidad de Guillermo, Williams e Ibai, que ofrecieron toda una serie de movimientos más que interesantes. Por detrás de ellos, Muniain, alojado otro día más en la media punta, evidenciaba que le sienta bien no tener que asumir los rigores tácticos y la disciplina de trabajo de alojarse arrimado a la cal de la banda zurda.

El gol, que llegó tras un balón tocadito por de Marcos al área, fue aprovechado de cabeza por un Gurpegi milagrosamente recuperado de una lesión de rodilla, que cerraba con buen sabor de boca diez días en los que había tenido ocasión de protagonizar noticias de todo tipo. Con todo, por ser coherentes, y para no dejarse llevar por el sentido de la marea del momento, sigue pareciendo más que evidente que al bueno de Carlos le llega el momento de la retirada. Él, honesto a carta cabal, sigue dando bastante más muestras de cordura que quienes le apremian a posicionarse, seguramente sabedor de que siempre es mejor retirarte a que te retiren. Lo primero suele suceder entre aplausos generalizados, lo segundo a empujones.

La segunda parte, que se hizo larga por la necesidad de que el ayer desapercibido Teixeira –esto ya es casi noticia de portada- pitara el final del encuentro, dejó los minutos menos comprometidos de los leones en lo que va de temporada, merced al buen trabajo de Balenziaga, Gurpegi, Rico o de Marcos, que achicaron los espacios al Eibar y permitió al Athletic mover el balón con tranquilidad en el centro del campo, sin apreturas.

Pudo llegar el segundo, pero la actuación de Jaime y la falta de pericia del mejorado Muniain lo evitaron. Lo que no pudo llegar es el gol de un Eibar irreconocible, inoperativo, maniatado por un Athletic que supo, y bien además, anular a un equipo que ha caído en barrena. No resultar, una vez más, un resucita muertos es una gran noticia. Y marca el camino de lo que debe hacerse el miércoles contra el Espanyol, el último tren para justificar una temporada demasiado aciaga.