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Ridículo y posterior enmienda

Si alguien pretende sacar algún tipo de conclusión del bodrio perpetrado por el Athletic ayer, mejor que se abstenga. Principalmente si busca extraer sensaciones positivas, porque nada bueno más allá de los tres puntos y de la capacidad de reacción en poco más de doce minutos, cuando todo estaba perdido y contra un rival al que le iba poco en el empeño.

En el Martínez Valero se disponían a celebrar el final de temporada y el Athletic se prestó a  participar en el partido homenaje. Así, al descanso perdía cero a dos tras una imagen deplorable y el estado de ánimo de los aficionados zurigorris que resistíamos la tentación de atender otros enfrentamientos ligueros más emocionantes, por los suelos.

Había Valverde vuelto por sus fueros, a hacer oídos sordos a las bienintencionadas recomendaciones del entorno, y volvió a hacer gala de esa cabezonería tan suya de hacer lo que le da la gana con tal de demostrar quién manda. Ataques de entrenador los llaman, y aunque Txingurri sea de los tipos más sensatos que campan por los banquillos, tampoco parece ajeno a ello. Vuelta la burra al trigo con Viguera por la izquierda, que es algo tan idóneo como situar un armario  ropero en mitad de un pasillo, y a optar por San José como central para sentar al recién renovado Gurpegi, y otorgar la manija del centro del campo a dos futbolistas que en poco se complementan como Iturraspe y Beñat, entregando la mediapunta a alguien tan dispuesto como poco dotado para el fútbol de ataque como Mikel Rico.

Así las cosas, entre la disposición táctica y la falta de actitud del equipo, el Elche parecía llamado a metas mayores; Jonathas, un Phileas Fogg del fútbol, aparentaba ser un delantero de verdad, y los rojiblancos un grupete timorato de esos que sufren por agarrarse a duras penas a la esperanza de salvarse.

En el uno a cero San José ponía de manifiesto esa capacidad tan suya de ser un tremendo peligro en las áreas, lento sin remedio, despistado, al igual que Herrerín, al que atribuyen como virtud esa capacidad de reacción a la hora de salir de debajo de los palos que ayer –bueno, casi siempre- brilló por su ausencia. Peor aún fue lo del dos a cero, que evidenciaba un equipo que estaba a otras cosas, desconcentrado y desconcertado, incapaz de frenar un saque rápido de falta desde casi la frontal que recibió Jonathas más solo que un candidato de Vox en un mitin. Que el árbitro debiera haber mandado parar la jugada por no estar el balón detenido en el momento del saque es tan cierto como que no sirve de excusa para justificar la empanada de la zaga.

El paso por vestuarios no trajo consigo demasiados cambios, ninguno en la alineación, lo cierto es que era como para cambiar a todos, y poco en cuanto a juego, si bien el Elche, relajado, fue cediendo terreno posibilitando a Beñat coger el timón y mejorar algo la imagen de un Athletic que controlaba pero no hacía daño.

El público del Martínez Valero se afanaba en hacer la ola, o algo parecido, que se ve que no tienen mucha práctica, y a los suyos les debió entrar morriña de playa y vacaciones, así que el relax consiguiente les puso el dos a tres en el marcador sin prácticamente darse cuenta. Para entonces Valverde había decidido arreglar el entuerto que él mismo había causado. Decreto la entrada de Gurpegi para que San José dejase el eje de la zaga y pasase a escoltar a Beñat, como debía haber sido de inicio, y el desaparecido Viguera cedía la banda zurda a un Aketxe dispuesto a aprovechar  esos minutos que sabe que el entrenador no le regala con frecuencia.

Con eso, con sólo eso, el equipo empezó a comportarse de manera diferente, al punto de que Aduriz consiguió conectar con el de Romo para que el chaval marcara, San José transformase un trallazo para compensar, como suele acostumbrar, los fallos defensivos con acierto rematador, y Williams, ya en el descuento, y por fin, consiguiera complementar con algo provechoso su impresionante condición atlética.

Pudo haber sido todavía más contundente si Hernández Hernández, ese colegiado con aspecto de Tintín y maneras de tontín hubiese dado validez a otro golazo de San José, pero el colegiado es canario, y poco se puede esperar de un juez que proviene de la tierra que ha dado como fruto a mentes preclaras como Socorro González, Merino González, Rodríguez Martel, Brito Arceo o ahora el tal Hernández al cuadrado.

Se puede decir, por tanto, que con no demasiado empeño el Athletic tiene a su alcance el séptimo puesto, ese que dará como premio un hueso duro de roer, clasificación europea previo paso de dos rondas previas. Visto cómo han echado los nuestros el resto en la máxima clasificación continental por equipos, visto cómo se abordó el examen de repesca vía Europa League, parece lógico pensar que tener que empezar a competir en julio no será de agrado ni de plantilla ni de cuerpo técnico.

Veremos. Veremos si finalmente Txingurri renovase exige a Urrutia garantías, entendidas como refuerzos, para poder afrontar tres competiciones. Los mentideros empiezan a sonar, aunque algunos rumores, travestidos en noticia para vender periódicos en domingo, sean difícilmente creíbles.

De la final de Copa casi nadie habla. Es como si los que vamos a Barcelona lo hiciéramos más como viaje de ocio entre amigos que para presenciar al Athletic en condiciones de competir. Claro que ver las actuaciones últimas del rival y contrastarlas con partidos como el de Elche le dan a uno ganas de casi todo menos de asistir al Nou Camp. Pero esto es fútbol y puede pasar cualquier cosa. O eso quiero creer.

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Cuando los demás no fallan

Que no, que no. Que no se trata de quedar séptimo, de obtener esa plaza que da opción a participar en esa Intertoto travestida de premio de consolación y que daría la posibilidad a los meritorios zurigorris de conocer Europa tras acortar sus vacaciones veraniegas. De lo que se trata es de competir, de intentar llegar al 30 de mayo en las mejores condiciones físicas y anímicas como para poder, al menos, dar la cara en un partido clave.

Y es lo que el Athletic no ha conseguido hasta ahora salvo alguna racha puntual de victorias encadenadas, efímero oasis en un desierto futbolístico constante desde el pasado mes de agosto. El equipo no convence y aunque tampoco vence, su rachita de empates le valían como combustible mientras los rivales, por deméritos propios, se mantenían parados. Pero a diferencia de las anteriores jornadas, tras el empate contra el Deportivo el resto no fallaron.

Espanyol y Málaga aprovecharon la jornada y el punto cosechado el sábado pareció aún peor para quienes obvian lo cualitativo y tan solo juzgan al equipo en el aspecto cuantitativo. Ahora, todos descontentos. Porque el equipo siguen sin carburar y porque las incógnitas son mayores cada semana que pasa.

El once del Athletic es, hoy por hoy, una ecuación de tercer grado. Tiene tres incógnitas a estas alturas, palabras mayores, en las dos posiciones de la banda derecha y en la media punta. Valverde ha convertido cada jornada hasta la final copera en una Oferta Pública de Empleo, pero parece no haber demasiado aprobado entre quienes se presentan a las oposiciones. Con Mikel Rico como solución improvisada para poder encajar en alguna de las bandas a la altura del centro de campo; tirando del velocista Williams como solución para el costado que el de Arrigorriaga deje libre; poniendo una vela a Dios y otra al Diablo para que Iraola no falle el día de la gran cita, que  a ver cómo se remienda el roto en caso de no comparecer; y, seguramente, con una rifa para ocupar la media punta. Plom, dos, cuatro, seis, te ha tocado a ti, Viguera. O a ti, Aketxe. O igual a ti, Unai. O tú, Rico, que corres donde se te ponga. O tú, Beñat, aunque no te guste, que más atrás tenemos overbooking…

Anda Txingurri despistado, no tiene las ideas demasiado claras y utiliza cada jornada liguera como usaba el profesor Bacterio a Mortadelo y Filemón, o sea, de conejo de Indias ante cada misión. En la del sábado la cosa le funciono veinte minutos, lo que tardó el equipo en adelantarse en el marcador y en empezar a sestear para gozo de un Deportivo necesitado y a la desesperada.

Si la ausencia de juego es preocupante, la falta de definición de un esquema claro pone nervioso hasta al más flemático de los seguidores. Porque tampoco parece que la principal clave de la mala racha sea un problema físico, sino más bien una empanada mental de considerables dimensiones, la excesiva pérdida del control del juego, los fallos no forzados y la blandura en las posiciones más retrasadas.

Que contra Real y Depor el Athletic no haya sido capaz de mantener la ventaja, de saber administrar el juego, de obligar a sus rivales, buscarles a la contra complicándoles la vida, es significativo y viene a demostrar la ausencia de un patrón de juego, de un modelo.

Tan es así que el entrenador sigue buscando a falta de dos partidos para finalizar la Liga, repartiendo palos y zanahorias vía convocatoria a demasiados jugadores sin lograr el efecto motivación que parece lógico pensar que busca.

El punto logrado contra el Depor, de nuevo favorecido por un arbitraje más que amable, y ya son varios consecutivos, no anula las opciones para obtener la séptima plaza toda vez que el calendario de los rojiblancos es más amable que el de sus rivales, pero la solvencia del equipo contra los habitantes de la parte inferior de la tabla ya se está viendo cuál es.

Y lo importante, al margen de la dichosa plaza de consolación, sería a estas alturas gozar de un once tipo, de un esquema interiorizado (y memorizado) y de una forma de juego mínimamente solvente e interiorizada por un plantel que vive, exclusivamente, de la inspiración del impresionante Aduriz.

Quedan otras consideraciones adicionales que pueden resultar ahora ventajistas, aunque afortunadamente han quedado dichas aquí en otros momentos. Herrerín dejó en evidencia a quienes han apostado por él no ya solo para la Copa, seguramente más forzado Valverde por procurar ser coherente que por convicción deportiva, sino para su vuelta a Lezama, decisión del ahora cuasi apartado Jose Mari Amorrortu difícilmente comprensible y  que va quedando acreditada en excesivas ocasiones. Porque no se trata tanto de hacer paradas inverosímiles como de detener las que parecen más que parables.

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Matemáticas, especulaciones y probaturas

Cualquier cábala a estas alturas de temporada resulta inútil más allá de rellenar espacio, sea en medios de comunicación o en tertulias de barra de bar. Se puede especular con el número de partidos que son necesarios ganar para obtener pasaporte europeo vía Liga o de lo que se quiera, pero es más que claro que nadie sabe, a estas alturas, cuántos puntos garantizarán alcanzar el objetivo.

Hace dos semanas Ernesto Valverde hablaba de la necesidad de cosechar un número de puntos que ya parece lejano e innecesario. Y es que el fin de semana ha vuelto a dejar de manifiesto que vía competición liguera irá a Europa como séptimo clasificado el tuerto de ese país de ciegos en que habitan Málaga, Espanyol, Celta y Athletic. Después del trabajado y afortunado empate en la ribera del Manzanares, donde el linier del colegiado Latre fue quien, con diferencia, más hizo porque los rojiblancos vizcainos puntuaran, la jornada más compleja de cuantas restaban ha resultado más que propicia y deja al Athletic en sus manos la opción de garantizarse presencia continental, aunque con el añadido de tener que disputar dos eliminatorias previas en verano, algo que convierte el logro en un regalo envenenado.

La noticia es más que buena, si quiera para centrar la actualidad en ello y no en la Copa, principalmente para no caer en la tentación de mirar hacia Barcelona, ahora que atraviesan la mejor racha del curso y donde Luis Enrique va camino de ser declarado molt honorable. Centrado el equipo en la competición liguera y atareado Valverde en determinar cómo y con quiénes intentar el asalto al Nou Camp el 30-M, lo cierto es que las jornadas avanzan y las ideas parecen todo menos claras.

La enfermería luce letrero de overbooking, con sendas dudas sobre el rendimiento de varios de los llamados a ocupar plaza casi fija, como Ibai o Iraola, con Aduriz haciendo la goma desde hace varias jornadas, y el entrenador decidido a contar solo con aquellos que tengan claro que lo que busca, como requisito clave, es intensidad. Que se lo digan a Susaeta o Aketxe, que ya deben saber cómo se paga la falta de entrega.

No está fácil lo de la final copera, como no lo está lo de la Liga, por más que el Athletic cuente con mejor calendario que los rivales, con dos partidos de tres en casa. Y no lo está por las bajas, por el estado de forma general de un equipo al que la temporada se le hace larga, por la tardía decisión del entrenador de intentar repartir los minutos de competición y por la ausencia de un patrón de juego mínimamente solvente.

Alguien puso mármol a la más célebre frase de Caparrós, clasificación, amigo y, quien nos lo iba a decir, Txingurri parece decidido a arrodillarse delante de la lápida ramo de flores en mano cada semana. El juego es secundario, todo pasa por la solvencia defensiva, desaparecida desde hace un mes, por cierto; el trabajo destajista en el centro del campo, aliñado con las dosis de calidad del redescubierto Beñat; y el acierto de un Aduriz que aporta a la causa más porcentaje de goles que Cristiano o Messi a las suyas.

Con esos mimbres debe hacerse un cesto, así que no es de sorprender que las probaturas, con variaciones de esquema, contando con dos delanteros, por ejemplo, o con Mikel Rico como improvisada solución para el flanco zurdo del centro del campo, sean la constante hasta final de mes.
Como no debiera sorprender que Bustinza, a pesar de la sanción que le impedirá jugar contra el Deportivo, acabe de titular del lateral derecho por la más que posible ausencia de Iraola. Sería triste epitafio deportivo para el de Usurbil no poder portar el brazalete de capitán en ese encuentro ahora que ya se ha oficializado, tarde y mal, su decisión de abandonar la disciplina zurigorri.

A este respecto, y después de todo lo que se ha escrito, no debería sorprender demasiado la decisión en un tipo cabal y extrañamente discreto e inteligente para lo que acostumbra el mundo del fútbol, que pasa a echarte de menos a simplemente echarte en tan solo unas semanas. Andoni ha sido fiel a sus principios, a su criterio. Consecuente y honesto. Le costó aceptar seguir un tiempo extra hace unos meses y ya avisó que sería la última renovación. No es fácil gestionar las salidas en el fútbol, donde los aficionados no solemos ser, muchas veces, tampoco en el Athletic, justos.

A nivel comunicativo no ha podido hacerse peor. El asunto saltó, hace demasiadas semanas, a la palestra en un medio digital madrileño, firmado por un periodista donostiarra afincado en la capital y que tan solo se ocupa del Athletic cuando puede publicar algo en sentido negativo. Fue este mismo gacetillero el que dio la exclusiva de la batalla de Bielsa con el famoso jefe de las obras de Lezama, lo que no deja de acreditar que su fuente, y no hace falta ser Colombo, anida dentro del vestuario. El Club calló. Y el asunto lo retomó ETB hace quince días. El Club decidió aferrarse al laissez passer que tanto se practica en la entidad para anunciarlo la pasada semana, en un momento en que se desconoce qué sentido pudo tener.

Así las cosas, lo que queda de mes servirá para que los periódicos intenten aumentar ventas regalando vaya usted a saber qué artilugios rojiblancos cara a la final, para que ventanas y balcones aún poco engalanados florezcan de rojo y blanco y para que Valverde continúe con la preparación del partido más difícil de su carrera profesional. Porque el asunto entraña la dificultad de enfrentar al Barcelona el once más competitivo de un plantel plagado de bajas. Lo de jugar a fútbol habrá que dejarlo para otro año.