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Cuando todo sale mal

Las buenas sensaciones con las que el Athletic acababa la primera vuelta, mejores en lo cualitativo que en lo cuantitativo y que hacían presagiar una importante capacidad de las huestes rojiblancas para el asalto de las posiciones nobles de la tabla durante la segunda vuelta, acrecentadas por el pase copero contra un Villarreral que menospreció la competición, primero, y al Athletic, después, se vieron resquebrajadas por el sorteo copero del pasado viernes.

Otra vez el equipo culé, y otra vez con tres enfrentamientos en diez días, para repetir el inicio de curso del pasado agosto, que dio una alegría contra pronóstico a la pulverulenta vitrina de Ibaigane. Así, como inicio de la trilogía, y con ánimo de pelear en el torneo de la regularidad, como anuncio de lo que debería venir en el del K.O., Valverde puso en liza el once más competitivo que una plantilla cogida con hilvanes le permitía.

Cualquiera que vea el resultado ahora, además, no podrá creer que los zurigorri tuvieron opción de haber dado la sorpresa a nada que Eraso hubiese tenido algo de precisión en el disparo a puerta –se le fue por encima del larguero- o algo de visión para haber visto a de Marcos en mejor posición para disparar a puerta. Todo ello después de un robo de balón tras presionar a Piqué, que ya se sabe que últimamente lo que más le gusta del fútbol es el bullicio de fuera de los terrenos de juego.

No se había digerido la mala leche por perdonar lo que no se debe perdonar cuando Etxeita, que tenía todo para hacer lo que le hubiese venido en gana para quitarse de en medio un balón no demasiado comprometido, se durmió en los laureles ante un Luis Suárez que ya se sabe que entra al área con la misma inercia que los trenes de alta velocidad las cuestas abajo.

Lo consiguiente ya se sabe, lo de casi siempre, salida justita de un Iraizoz que por su corpulencia suele verse vendido cuando debe procurar cerrar a los delanteros. Mateu Lahoz, cómo no, afiló el colmillo y, esta vez sí, aplicó el reglamento, el de FIFA, no el que inventa él al sol de Algimia de Alfara, con la justa expulsión de Iraizoz y reventando el encuentro.

Fue de tal calibre la pifia de Etxeita, tal la mala leche que le entró al personal, que parece ahora que lamentar la jugada e indignarse porque don Antonio Miguel obviase la clara falta de Luis Suárez, empleando ambos brazos para ganar la posición al jugador zornotzarra, pueda parecer una excusa.

Y está bien, muy bien, concebir el fútbol como se hace en Bizkaia, sin excusas, mirando y juzgando el deporte como lo que es, y sacando las lecciones pertinentes para futuras ocasiones, en este caso, además, de aplicación inmediata. Si contra el todopoderoso equipo catalán se debe hilar más que fino, actuaciones como la de Etxeita ayer son inaceptables. Por la jugada en particular, y por los errores de todo el encuentro en general.

Dicho esto, se debe hacer un punto y aparte para mirar con detalle la actuación arbitral. Mateu reventó el partido, una vez más, aplicando las reglas según le salen de donde la espalda suele perder su nombre. Y no vale ya hablar de criterio, de interpretación o de posicionamiento. Lo de este sujeto con el Athletic es para revisarlo con lupa. Lo dijo ayer mismo San José. Deben respetarle, pero no estaría de más que él respete algo al Athletic. Repasar la relación de agravios de este tipo con los leones, la nómina de jugadas en las que se ha equivocado y la extensa lista de expulsados que atesora, dan como para ver algo más que fantasmas con este tipo. Unido a la actuación del árbitro en Sevilla, a la rigurosa expulsión de San José ante el Málaga, o los dos arbitrajes en Copa contra Villarreal, sumado a ver al Athletic como uno de los equipos con más penaltis señalados en contra, empieza a desesperar y a preocupar.

Da la sensación de que el Club de Ibaigane es fácil de arbitrar. Salvo Aduriz y Raúl García, a los que los árbitros vigilan evidenciando una perniciosa predisposición –véase la actitud de Velasco Carballo con Aduriz en El Madrigal-, es un equipo que ni es duro ni genera problemas con las protestas, sean en el propio terreno de juego, en las ruedas de prensa o en los pasillos federativos. Tampoco su prensa es de las que genere ruido mediático. De esa manera, errar contra el Athletic resulta sencillo, cómodo, intrascendente. Y aunque es el camino correcto, parece demasiado inocente en esta jungla plagada de emerys y marcelinos, capaces de sacar nata ventajista de un barril.

El resultado final, abultadísimo, resultó sonrojante, pero es algo habitual en una competición que se ha convertido en una carrera entre dos bólidos cuyos pilotos buscan, cada semana, mejorar sus marcas individuales. Así, sea el indeseable CR7 o el cretino fabricante de Lambrettas, intente Bale justificar sus 100 millones de traspaso o hacer olvidar Luis Suarez su fama de caníbal, que para esto monta tanto el Barça como el Madrid, el Madrid como el Barça, los dos mal llamados grandes siguen agrandando sus estadísticas acelerando más y más cuanto más sangre su víctima. Al universo futbolero en general llegó a dar asco la actitud del Madrid hace escasas semanas frente al Rayo. Supongo que algo similar sentirían ayer al ver al Barcelona de Luis Enrique.

Y quiero suponer, con mi tierna inocencia, que todos esos que en Bizkaia simpatizan con el Barcelona volverían ayer a caer del guindo. Por la actitud del equipo en el campo, todo menos misericordiosa, y más por la actitud de la grada. Esa que hace no demasiado gritaba a segunda, a segunda a un Athletic en descomposición y que ayer hacía la ola por vencer contundentemente a un equipo en inferioridad, pero bueno, ya se sabe, ya se les conoce, sobre todo por parte de quienes vivimos los tiempos de grandeza del Athletic, cuando competía en igualdad contra los blaugranas.

Solo queda levantarse, que la plantilla, enrabietada, encauce su cabreo y frustración a hacerlo lo mejor posible el próximo miércoles, compitiendo de la mejor manera y posible, apretando los dientes y procurando sacar la máxima rentabilidad a las grietas de un equipo letal en ataque pero prepotente y vulnerable en defensa. Williams y Muniain ayer demostraron el camino: presión y velocidad para buscar las cosquillas a los Piqué o Mascherano. Sólo falta contundencia en el remate. Y, afortunadamente, Aduriz no es Eraso.

Lo demás deberá ponerlo el público, y no es poco. Arropar al equipo, presionar al trencilla, animar como si no hubiese un amaña y no venirse abajo si la cosa se complica. Si el Villarreal aprendió que un 0-2 en San Mamés no es sinónimo de casi nada, el Barcelona no tiene por qué no sufrir en sus propias carnes algo similar. Hay que sostener al grupo los noventa minutos. Por justicia y por coherencia con lo que queremos.
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4 comentarios

  1. Amén, Gontzal.

    Empiezo a temer el arbitraje del miércoles. González al Cuadrado, el de los penaltis a la RSOC en el Bernabeu. El mismo al que tres días después la Culerada acusaba de permitir el juego duro al Espanyol en el derbi liguero. Ya le están presionando en la Caverna con barretina.

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    1. Si yo fuese González, y quisiera seguir haciendo carrera en el arbitraje, tiraría por la calle de enmedio, favorecería a los culés y hala, hasta otra. La campaña mediática catalana y las palabras de Luis Enrique les vuelven a retratar, a pesar de que en Bizkaia sigan muchos no queriendo ver a estos al nivel merengue -o incluso peor, en mi opinión-.

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  2. Amén, Gontzal.
    El 6-0 no cuenta para la Copa. Y puestos, igual repetimos la hazaña, ¿no?

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    1. No sé si hazaña, Iñaki, pero me apunto a una victoria zurigorri. Creo que el equipo va a salir muy muy motivado.

      Esperemos que haya algo de suerte y, sobre todo, mucho de acierto, que será la clave, porque opciones vamos a tener.

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