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Una rácana Real gana con justicia

Parecía un encuentro clave para calibrar la fortaleza del equipo, por aquello de lo complicado que resulta desde que comenzara el año conocer el verdadero nivel competitivo, distorsionado por los triples enfrentamientos contra Villarreal y Barcelona o la tradicional derrota del Bernabéu.

Lo visto ayer tarde en San Mamés fue para preocupar. Cierto que llegaba el Athletic de un esfuerzo importante para doblegar al Olympique y poner cuesta abajo la eliminatoria europea, pero la falta de frescura e ideas de los rojiblancos en un partido que, salvo en los dos primeros minutos, no dio sensación de poder ganar dejó un sabor de boca más que amargo.

La Real ganó el encuentro porque supo tenerlo donde le convino en cada momento. Aprovechó una ocasión de las pocas que tuvo, todas ellas, además, más propicias que las de los locales, ganó la batalla del centro del campo a la peor versión del curso de San José y Beñat, y practicó el otro fútbol como si estuvieran recién salidos de una semana de seminario con Joaquín Caparrós.

Las advertencias, la preocupación por la escasez de tiempo para preparar un encuentro que el rival pormenorizó durante una semana, eran razonables. El extrañamente denominado derbi, el partido de teórica máxima rivalidad, no fue tal, como lleva no siéndolo demasiado tiempo. Mientras en Donostia se lo sigan tomando como el encuentro marcado en rojo en su particular calendario y por aquí siga viéndose como un partido especial, pero poco más, difícil será sacar esos enfrentamientos adelante.

Y es que vivir como se vive en Gipuzkoa estos enfrentamientos parece hasta enfermizo. El detalle de ver al alcalde de la capital guipuzcoana bajar al vestuario para celebrar la victoria quizás refleje como nada la particular obsesión de muchos con ganar al Athletic.

Porque si a esas ansias se le enfrenta un Athletic diezmado en físico e ideas, aderezado con un once cuando menos extraño y una convocatoria sin alternativas, más la puñetera lesión de Williams, las consecuencias son fatales.

A muchos extrañó la presencia de Gurpegi en la titularidad en un partido que se presumía eléctrico y rápido, cuando ya había quedado claro en los enfrentamientos contra Villarreal o Sevilla que para el bueno de Carlos los años y las lesiones no han pasado en balde. No sería justo culpar al capitán de la derrota, ni mucho menos, porque si desacertado estuvo en el tanto txuriurdin cierto es que estuvo más asentado en el resto de minutos, pero los vaivenes de Txingurri en el centro de la zaga repartiendo minutos con desconcertante criterio entre Etxeita, Bóveda o Gurpegi no ayudan a volver asentar una zaga que hace aguas desde comienzos de 2016.

Extraño resultó, también, ver fuera de convocatoria a Eraso o Sabin, la titularidad en la media punta de un Muniain bullicioso pero que poco aporta más allá de forzar faltas y que abusa de la conducción, y los cambios de un entrenador que tarda en reaccionar en demasiadas ocasiones. La elección de Viguera, alojado en banda derecha y que cuajó una actuación que debe servir como justificación para el descarte de las convocatorias en lo que quedan de temporada, y el tardío cambio de San José para dar entrada a un Iturraspe que debió saltar al campo mucho antes para intentar, al menos, dar luz al eje de un centro del campo que naufragaba desde el inicio.

Y es que tras el gol intentó el Athletic jugar directo, encontrar a Aduriz por la vía rápida, la de la precipitación, el pelotazo, el juego desesperado que representan, para mal, Susaeta y de Marcos. Cuando el fútbol del grupo pasa por ceder la responsabilidad a Markel o en confiar la reacción a la electricidad de Oscar, un atleta demasiado alejado de la necesaria precisión, sale a flote la peor versión de los zurigorri.

Eclipsado Beñat por Illarra, en uno de los peores partidos que se le recuerdan tanto en la distribución como en el pase, fuese en corto o en largo, como a balón parado; sin la opción de un Williams que, cierto es también, poco aportó los minutos que estuvo sobre el césped, al Athletic le tocó forzar la opción de Raúl García más de lo razonable y lo previsto por Valverde.

Acabó desquiciado el equipo de Txingurri. Por la propia impotencia, por las triquiñuelas de una Real que se abonó al mal llamado otro fútbol y por un arbitraje exasperante. Lo he dejado para el final, puesto que llevamos tiempo advirtiéndolo por aquí, tanto cuando el equipo ha ganado como cuando no. Entendiendo la inteligencia de Valverde en las declaraciones, sabiendo que poco se obtiene de la protesta de entrenadores y jugadores, algo más debiera hacer el Club en los estamentos federativos.

Lo del tal Sánchez Martínez clamó al cielo. Tarjetero a más no poder, provocador y chulesco como en tiempo no se recuerda, cobarde en las áreas e inconsecuente con su propio rasero, fue el mejor aliado del juego trabado que legítimamente impuso la Real. Todo ello ante la pasividad de un San Mamés que cada encuentro bate record de pasividad y frialdad en la grada, que viene a confirmar que en lo del ánimo y la reacción del equipo, el particular huevo y gallina del fútbol, es el equipo quien debe sacarse las castañas del fuego para recibir el viento de popa en forma de ánimo de la grada. De poco vale criticar hoy el juego del equipo, la convocatoria, alineación o cambios de Valverde, si no se hace autocrítica del gélido ambiente con que se acompañó ayer al grupo desde las tribunas.


Desacelera definitivamente el Athletic en liga, cuando de nuevo vuelve a plagarse de citas el calendario, ante la visita del Olympique y un viaje para visitar a un resucitado Valencia con escaso margen para la recuperación. Es claro que jugar en Europa pasa factura, que hay que ser coherente con lo que se es y se tiene, pero las derrotas en casa debieran salir bastante más caras a los rivales. Para rematar el post, por cierto, en un día como hoy, después de los desaciertos ya descritos, me sigo abonando a que la renovación de Valverde sigue siendo la mejor opción para el banquillo.
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3 comentarios

  1. Copio y pego lo que dices, Gontzal.
    Le mejor imagen de lo que significa por estos pagos, a orillas del Urumea, el ganar al Athletic es la "afoto" con el alcalde. Si le añadimos un poco más de vaho, la tipica escena de un segunda b que se calza a un primera en la Copa, o el ascenso a segunda tras una dura promoción.
    Desconozco si alcalde acabó remojado en la ducha, pero no habria mejor final.

    Igual son tonterías mías, pero cuanto más repeinadito y atildado va un árbitro, peor nos va.

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    1. Vayan desde aquí mis condolencias, Contini. Resistir hoy en allende Deba tiene que ser complicado.

      El tema de los árbitros es complicado, delicado y preocupante. Da la sensación de que han perdido el respeto a San Mamés. Seguro que viene de la intrascendencia mediática de los fallos y de la falta de presión del público.

      Los socios y aficionados tenemos mucha responsabilidad en esto también.

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  2. Gracias, con los años he desarrollado un gran caparazón para resistir cosas así. De todas maneras a partir de esta jornada comenzarán su cuesta abajo.

    No soy socio, Gontzal, pero desde la tele y en las últimas ocasiones que he ido a San Mamés he percibido que la gente llega tarde al campo e incluso con el partido empezado, vuelven del descanso cinco minutos después, si vuelven; se va antes tanto si vas perdiendo como si ganas claramente. Además han descubierto que en Bilbao llueve y te mojas, no puede ser, es impropio del fútbol el mojarse. Eso y que daba grima en un partido como el de ayer ver esos palcos vips vacíos cuando no había entradas. Sí, quizás haya algo de responsabilidad nuestras en que no se apriete como antes.

    Por ejemplo, una gilipollez como la que hizo Jonatas al meter el gol,simular que ametrallaba a la tribuna principal, le hubiera costado muy cara hace unos años. Si me apuras es hasta tarjeta amarilla por desconsideración al público, pero...ayer se pasó por alto.

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