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La importancia del contexto

Fue importante la victoria del Athletic del domingo en sí misma, por la necesidad de seguir sumando en liga ahora que parece se abre brecha con respecto a las plazas europeas a falta de nueve jornadas, pero más lo fue en el contexto en que se produjo, con un equipo formado en su mayoría por futbolistas que acumulan menos minutos de competición, y con el partido de pasado mañana marcado en rojo en el calendario.

Que los que Valverde decretó como titulares no diesen tregua al Betis durante los primeros cinco minutos ya fue señal de que el equipo, a diferencia de lo realizado el año pasado, ha interiorizado la importancia de las dos competiciones que sigue disputando.

Y el encuentro dio para bastante. Para evidenciar la diferencia que existe hoy por hoy entre los primeros seis-siete clasificados con respecto al resto y, sobre todo, para seguir poniendo en apuros a un Valverde que tiene serios problemas, incluso con Williams lesionado, para confeccionar la lista de dieciocho hombres para cada partido.

La competencia, por fin, ha dado sus frutos y la generalidad de la plantilla pasa por el mejor momento desde que empezara a competir allá por julio. Los minutos están caros y aquel que tiene la suerte de ser señalado por el entrenador, aprovecha para reivindicarse. No es casual que Susaeta haya resurgido de sus cenizas; que Bóveda muerda jugando tanto de lateral como de central; que Rico, recuperado en lo físico, aporte como hace temporada y media; o que Sabin Merino, más centrado en el campo, demuestre que puede aparcar la frialdad para demostrar que tiene una especial facilidad para intuir las situaciones de peligro. Si a ello se suma que Eraso puede sumar minutos en el centro del campo, o que el descaro de Lekue promete dar tardes de alegrías a nada que consiga evitar despistes y aparcar excesos de confianza que cuestan caros en primera, el Athletic se ha encontrado, contra pronóstico y en el momento más complejo del curso, con el equipo exultante en lo anímico y mucho más frescos en lo físico de lo que el más optimista hubiese asegurado hace tan solo tres semanas.

Claro que, como siempre, en fútbol todo análisis es coyuntural a las rachas y, desgraciadamente, a los resultados, por lo que en caso de no poder sacar adelante la eliminatoria contra el Valencia gran parte de todo lo glosado sobre el equipo caerá en saco roto, a pesar de no ser justo. La prueba de fuego de Mestalla no debería ser el examen definitivo de un equipo que ha dado la cara y bien hasta ahora y que hubiese merecido ir a tierras levantinas con una mayor renta.

Ahora vuelve encontrarse en la necesidad de realizar un partido mayúsculo para seguir aferrado a la ilusión europea. El Valencia, que no quiere dejar escapar el único tren que ya le queda, intentará por todos los medios reverdecer los laureles de la olla a presión en que solía convertirse el antiguo Luis Casanova cuando el viento soplaba de popa. Y eso es, precisamente, lo que debería procurar este Athletic, tan experimentado ya en eliminatorias a doble partido. En que a los ché se les vuelva su afición en contra. Bastaría con marcar un gol, seguramente, para ello. Porque si el Athletic consiguiese adelantarse o bien igualar distancias más o menos rápido en caso de verse por detrás en el marcador, es más que probable que afición y equipo estallen con más estruendo que toda la pirotecnia a la que son aficionados en aquellas tierras.


Tras cinco victorias consecutivas, si tiene que venir el tropiezo, que sea, al menos, en forma de derrota por la mínima. La capacidad goleadora del último mes, el balón parado, la experiencia acumulada y demás deberían dar cierta tranquilidad, así como la solvencia de la retaguardia, tanto en línea defensiva como en el doble pivote. Y que los agoreros estén tranquilos. Es cierto que Aduriz lleva tres encuentros sin marcar. Pero es que a la velocidad que va esto, es cuestión de diez días. 
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