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Sin homenajes en el campo maldito

No se le dan al Athletic bien los homenajes, no. Si hace poco más de un mes, al último de los que representaba a delantera más mítica de la historia del Club, Rafa Iriondo, se le ofrendaba el partido de vuelta contra el Olympique, un pase de eliminatoria milagroso tras un partido infame, ayer, en campo perico, a quien precisamente le sucedió en el extremo derecho, a José Luis Artetxe, y a una de esas personas discretas como Niko Estéfano, cuya labor con la cantera nunca será suficientemente ponderada, se les rendía consideración con una infumable segunda mitad que deberá quedar en el olvido.

A quién y a Artetxe. De Algorta, razón ya más que suficiente para merecer todo el respeto, del mismo centro, de la plaza del Casino, miembro, por ejemplo, de aquel equipo que pasó a la historia como los once aldeanos, que ganaron en el Bernabéu a todo un Real Madrid cuando los medios deportivos casi ni existían y para una victoria con campanillas no era necesario inventar conceptos tan ridículos como centenariazo. Artetxe, con estudios universitarios, empresario, que cambió el fútbol para atender su negocio cuando creyó que el deporte ya empezaba a dejarle de lado, era persona coherente y de profundas ideas. Abertzale hasta la médula, directo, sin pelos en la lengua, y con fuerte carácter, lo que le llevó a no bailar el agua a nadie en la vida en general y en el Athletic en particular, tanto como jugador, pues siempre peleó por lo que consideró justo, como su salario, como directivo, defendiendo un concepto de Club acorde a sus ideas.

Pues no, a estos tampoco decidió el Athletic, más allá de los brazaletes negros, rendir un homenaje como es debido, con una victoria. Y no porque la cosa empezase mal, todo lo contrario, sino porque tras el paso por vestuarios en el descanso el equipo se desconectó del partido y para el cuarto de hora de la reanudación volver a puntuar se había convertido en una quimera.

Resulta “divertido” hoy leer a muchos de los que hace una semana sonreían como quien ha robado a un borracho por la victoria contra el Betis con un equipo plagado de los menos habituales, abrirse las carnes por la alineación decretada por Valverde. Así que ya sabemos, definitivamente, de qué va esto. De criticar o ponderar la alineación y las decisiones técnicas en función del resultado.

Y no es justo, no. Porque ni tras las victorias en liga contra Valencia o Betis resultaba Txingurri el mejor entrenador de la historia, ni por lo de ayer merece hoy el palo que algunos parecen dispuestos a darle. Si algo cabe censurar, seguramente, sea la incapacidad de reaccionar ante un equipo que se desmoronaba en la segunda mitad, aunque nadie que hubiese visto la primera hubiera previsto semejante vuelta al calcetín.

El Athletic se desconectó, no supo engancharse al encuentro, ni supo reaccionar al fútbol directo del Espanyol, que le sorprendió. Como no está en su ADN, tampoco supo poner en práctica lo que los barceloneses hicieron posteriormente ya con ventaja en el marcador: romper el ritmo del partido y evitar que se jugara a nada practicando un máster en el mal llamado otro fútbol, con la complicidad y pasividad del trencilla navarro, que, justo es decirlo, perdonó a Etxeita una expulsión por una falta en la frontal en la que aplicó la ventaja para no señalar penalti, acertadamente, en la posterior caída de Gerard. A buen seguro que pesó en la conciencia de Prieto aquel penalti de Sevilla por tropiezo con el césped.

Y de esa manera, con unos minutos lamentables, se fueron el trabajo de la primera mitad y la ventaja por el sumidero,  desenganchando al equipo de Europa. Hoy la facción más ciclotímica de la afición rojiblanca llora por la imposibilidad de conquistar la cuarta plaza, seguramente tras echar las campanas al vuelo la semana pasada al ver que, circunstancialmente, el Villarreal hacía la goma por los caprichos del calendario.

Y no hay nada peor que pasar de la euforia a la depresión sin excesivos motivos. El Athletic sigue deparando buenas noticias, ocupando una buena posición en Liga y con el reto de obtener el pase europeo frente a un siempre complicado Sevilla. Hablar de Champions era demasiado para un equipo que va a acumular, al menos, sesenta partidos este curso. A pesar de que la plantilla ha dado buenas noticias y buen rendimiento, bastante reto parece seguir a por todas en el torneo de la UEFA e intentar obtener el pasaporte europeo vía liga para el año que viene.

Existen muchas posibilidades. No olvidemos que los dos próximos enfrentamientos son en San Mamés, a priori asequibles y donde no caben tropiezos, y que con los dos rivales que parece que tocará repartirse las plazas que dan acceso a Europa, Celta y Sevilla, deberán visitar La Catedral.

No parece ni conveniente ni justo que ahora, en pleno parón, aquellos que tienden a ver el vaso medio vacío a las primeras de cambio generen en el ambiente un clima de negatividad que no se corresponde con la realidad del equipo. Algunos de ellos, además, y paradójicamente, son los mismos que celebraban con alegría desatada la convocatoria de Aduriz, y en menor medida de San José, para ir de turné con del Bosque. Uno se imagina a la redacción de deportes del diario El Correo Español “jarta” de zurracapote para festejar que, tras tanta campaña, el Marqués de rostro triste haya sucumbido a sus presiones.

Porque si bien Aduriz se lo ha ganado en el campo, lo cierto es que para el Athletic es una pésima noticia. A corto plazo el futbolista no tendrá el necesario descanso en este parón, y las consecuencias de disputar una Eurocopa en un futbolista de treinta y cinco años pueden ser letales. A nada de chispa que pueda perder Aritz, el final de su carrera podría acelerarse.

Para finalizar el comentario sobre la actualidad zurigorri y en torno al partido de ayer, preocupan principalmente dos asuntos. Por un lado la posición de central derecho, donde ayer Etxeita volvió a naufragar. Ahora que Gurpegi evidencia que el final de su carrera ha llegado, no se atisban soluciones sencillas para la posición. Y el rendimiento de Iturraspe. Porque el de Abadiño, que jugó decentemente en fases del encuentro de ayer, volvió a ser sustituido tras perder el balón que dio origen al segundo gol periquito. El mensaje de Valverde parece más que claro, aunque desconozco si su método va a permitir recuperar el nivel a un futbolista que presenta una lacerante debilidad mental. 

Y para toques, por cierto, el mensaje recibido por Sabin Merino, fuera de la convocatoria. Da la sensación de que su desangelado encuentro en Mestalla ha sido merecedor de toque de atención.
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