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Más que tres puntos



Pudo, por fin, verse a un Athletic más reconocible, en la línea de lo que de él se espera, y vino, como era previsible, con la vuelta del fútbol de Beñat y el instinto matador de Aduriz. Todo ello en un día que tocó remontar, tras quedar los rojiblancos noqueados al minuto y medio de juego al protagonizar el Valencia una gran jugada ante la pasividad general del equipo, principalmente de la zaga, donde Laporte continúa naufragando y evidenciando que, tras la lesión –y no tras la renovación, como afirman los abonados a la maledicencia- está a años luz de su mejor versión.

No fue un partido para echar cohetes, ante un Valencia histérico en todos sus estamentos, que posee una buena plantilla y un mal equipo, capaz de generar peligro en ambas áreas, con una zaga improvisada ayer que transmitía desconfianza a los cinco continentes.

Pero en un partido de alto voltaje, escenario al que gusta al Athletic llevar los partidos, y más en su casa, los rojiblancos tienen casi siempre las de ganar. A intensidad, es complicado ganarles. A los de Valverde se les doma con facilidad cuando muestran su versión pusilánime, confiada, la que pudo verse el jueves en Italia. Pero cuando se toman en serio las contiendas, cuando todo el grupo se enrola con los capitanes Aduriz y García, el éxito suele estar casi asegurado.

Beñat a la manija, escoltado con un más que decente Iturraspe, probablemente la mejor noticia colateral a la victoria, Aduriz enchufado, Raúl excesivamente tensionado –aún no se da cuenta que hace ya un año que viste pantalón negro y no azul, con todo lo que conlleva en relación a la actitud y paciencia de los árbitros-y Susaeta, sí, él, tan activo arriba como solidario en el trabajo defensivo, propiciando toda clase de situaciones que favorecían el juego de sus compañeros, se bastaron para doblegar a un Valencia más que pobre.

Porque Munir o Rodrigo pueden ser absolutamente desequilibrantes, pero los que sí pasan por serlo son sus compañeros de zaga, encabezados por Mangala, que dio un recital de cómo no se debe defender, tanto con el balón en movimiento como parado, y que no fue expulsado porque Gil Manzano aplicó con él la misma paciencia que con Raúl García.

Para el recuerdo quedarán los golazos de Aduriz, que rozó el hat trick incluso disparando cruzado con la zurda –o quizás por eso-, el debut en casa de un Arrizabalaga que contribuyó a la victoria con un paradón en quizás la única intervención complicada que tuvo, y la segunda victoria consecutiva en Liga para tomar algo de serenidad ahora que no se puede tomar respiro.

Los goles de Aritz fueron la noticia, pero no por su importancia para la victoria. Más allá de los tres puntos, vinieron a certificar que aún se puede estar tranquilo con él como nueve. Porque dar por hecho que alguien de su edad, tras pasar por una Eurocopa, vaya a dar el resultado de la pasada campaña, era mucho suponer. Y como esto de los delanteros funciona por rachas, se basa tanto en el componente psicológico, en la confianza, que Aduriz se demuestre a sí mismo que se sigue pareciendo al que fue es clave para el futuro próximo del equipo.

Para otro día dejaremos el análisis sobre el juego de Williams, que teniéndolo casi todo para generar constantemente situaciones de peligro, se empeña en nadar a la velocidad de Phelps para acabar muriendo en la orilla. Habrá que hacer ejercicios específicos con él, porque desespera cómo jugadas de absoluta ventaja finalizan en posesión de rivales o directamente perdidas por línea de fondo. Pero lo dicho, será para otro día, como eso de recordar que quizás el de ayer, como me decía un amigo, fuese el mejor partido de Muniain en bastante tiempo.

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Nada más que tres puntos

Más allá de obtener tres puntos, muy necesarios, lo del Athletic en A Coruña dio para muy poco, prácticamente nada. Al prometedor debut de Kepa, Arrizabalaga en su camiseta para desesperación de esos a los que se les atascan los apellidos en euskera, un portero de esos que gustan por estos lares, sobrio, alto, ágil y sin florituras; y al golazo de Raúl García, pocas cosas positivas más pudieron añadírsele a un equipo que genera dudas en su juego.

Pasado ya el parón liguero, con dos semanas más de preparación para pulir defectos y afinar la puesta a punto de piezas clave, se esperaba un equipo con algo más de chispa y brío en el juego, pero los rojiblancos se parecieron más al equipo de Gijón que a otra cosa.
El Deportivo, flojo a más no poder, dispuso de más posesión de balón, recuperó más y perdió menos balones que el equipo de Valverde. Aunque naufragó ante Kepa y la única vez que consiguió llevar el esférico a la red, el auxiliar, en uno de esos fueras de fuego que evidencian lo imposible de atinar con eso de la línea, favoreció los intereses del Athletic.

Con todo, y a pesar de las dudas del juego de un nerviosísimo Laporte, al que ahora se analiza con lupa, la zaga del Athletic fue de lo poco positivo del bodrio. Bien plantado y concentrado Bóveda, que ha decidido no dejar pasar la oportunidad de afianzarse en el puesto, con un Balenziaga a gran nivel, algo reseñable teniendo en cuenta que por delante en su costado se alineó el decepcionante Muniain, y un de Marcos que sí ha acelerado su puesta a punto, permitió que el equipo rojiblanco abortase los intentos ofensivos de un Deportivo muy justito que en la segunda mitad optó  por un juego directo ineficaz.

El centro del campo se complicó la vida y la delantera, directamente, no estuvo. Aduriz no pasa por su mejor versión, sinceramente no llega al aprobado, con todo lo que eso significa, Muniain tocó techo futbolístico el día que dejó de crecer y Williams descoloca por su incapacidad a la hora de tener que interpretar el juego. Cuando es cuestión de físico, lo borda, pero si se trata de seleccionar cuándo chutar, cuándo y cómo centrar, si se debe o no retener el balón o dar fluidez al juego, entonces Iñaki suele equivocar sus decisiones.

Comentan que el mejor amigo de Williams en la plantilla es Muniain. No está nadie como para dar consejos sobre a quién se debe elegir como compañero de viaje, y menos yo, con los que he seleccionado en mi vida, que hay que verlos, pero sí cabría decir al bueno del chaval que haga caso a Iker en lo que quiera menos en el concepto que tiene de lo que es el fútbol.

El Athletic de Valverde, en su cuarto arranque consecutivo de curso, se caracteriza más que en años anteriores por un juego plano, que tan solo confía en el juego físico de un grupo con mentalidad de legionario, pero que genera importantes incógnitas con respecto a años anteriores. Y es que si años atrás ha venido cumpliendo principalmente por la producción goleadora de un Aduriz, cuyo espectacular rendimiento se bastaba para equilibrar el balance defensa-ataque, los años de éste, la trascendencia de su excursión a la Eurocopa y la necesidad de que los de alrededor den un paso adelante marcarán, seguramente, el devenir de un Athletic hoy por hoy cogido con hilvanes.

De momento, y si no llega a ser porque Raúl García se inventó un gol chutando desde Lugo, los rojiblancos seguirían con el marcador a cero, incapaces de generar situaciones de peligro. Porque hacía tiempo que no se veía un equipo tan inoperante, trabado, desacertado y sin criterio en lo ofensivo.

Confiemos en que ir atesorando puntos en Liga, unido a la hiperactividad a la que obliga el apretado calendario competitivo permitan devolver la forma a todas y cada una de las piezas claves del equipo. Porque lo visto hasta ahora no puede satisfacer a nadie.