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Las remontadas que dificultan ver la realidad

Parecía que esta vez sí, que esta vez vendría el tropiezo que debería servir como toque de atención, y tampoco. Algunos lo llaman suerte, pero no parece tan fácil o tan simple de definir. Es algo más. Pegada, seguramente, o eso que definiera Valdano para el Bernabéu y que se puede trasladar a este San Mamés, aquello del pánico escénico.

Y es que, si no, es difícil de explicar por qué el Athletic, a pesar de empeñarse en complicarse la vida sobremanera, tiene esa capacidad de rehacerse y sacar los partidos adelante, obteniendo, además, una cantidad de puntos que le siguen manteniendo en la pole position para puestos europeos.

Volvió a hacer poco el equipo, casi nada, prácticamente lo mismo que su rival, por lo que en fútbol, donde no siempre impera la lógica, pero a la larga sí suele hacerlo, hubiera sido de justicia un reparto de puntos. A otra primera parte tediosa a más no poder, se le sucedió una segunda en la que el equipo tampoco dio sensación de querer enmendar aquello.

Tardó el equipo en reaccionar, tanto o más que el banquillo en decidir los cambios. Lo cierto es que extrañaron, personalmente no me gustaron, pero acertó Valverde, que es el que cobra por decidir, y volvió a saber sacar el máximo provecho al plantel.

Un plantel que tiene mucho que decir en esta especie de crisis de juego que atenaza al grupo desde agosto. Cierto es que al equipo le han sucedido toda clase de avatares. Lesiones, sanciones, el asunto de Yeray… y que han contribuido a que los jugadores clave no coincidan en su mejor momento de forma todos a la vez.

Puede que suceda, también, aquello sobre lo que Txingurri ya advirtiera en verano: que la cuarta temporada del mismo técnico en el banquillo haya sembrado una rutina, una falta de motivación en el grupo basada en el hábito al método propuesto.

Algo pasa. Algo que en casa funciona, a trancas y barrancas, y que hace que el registros de puntos sea casi inmejorable. Sin embargo, el traslado de esta forma de juego, como es lógico, fracasa lejos de San Mamés, donde el equipo deberá en segunda vuelta enfrentarse a rivales de talla y donde se antoja necesario recaudar si se quiere ascender en la tabla más allá de la séptima casilla.

Se mira al banquillo, donde Valverde firmará un nuevo récord en una semana, tanto por la incertidumbre de quién será el inquilino a partir de verano y por la incapacidad del técnico de sacar lo mejor de un equipo llamado a metas más importante, al menos en la forma, paupérrima a más no poder.

Pero no deberían irse los jugadores sin asumir su cuota de responsabilidad. Porque el rendimiento individual de muchos de ellos es preocupante, como lo es también que el entrenador, que cierto es que juega con el conocimiento adicional de aspectos de los que no se puede opinar con tan solo ver los encuentros, toma decisiones que da la sensación no sirve para elevar el listón competitivo.

Habla la crítica, la popular y la publicada, del gran partido de Muniain. Cierto, cierto es que el de Txantrea rompió el encuentro en los minutos finales, que marcó un gol y que dinamizó el juego. Como lo es que firmó una primera parte calamitosa, con decisiones incomprensibles. Lo mismo que podríamos aplicar a Williams, o a Muniain, o a San José.

Porque el equipo no tiene velocidad, ni con balón ni sin él, no progresa, se enfanga en un juego cadencioso plagado de errores en la entrega. Hasta que ve la contienda perdida y espabila. En esos casos, y con algunos detalles, es capaz de doblegar a los rivales.

Por eso Aduriz, para homenajearse a sí mismo el día en que acumulaba 36 inviernos, desequilibra en cuanto le sirven dos balones rematables y no la colección de sandías de la primera mitad.

Da la sensación de que hay mimbres para más, para bastante más, aunque pasan las jornadas y el juego no aparece. Cabe ser optimista, por aquello de que a pesar de no brillar, la clasificación aún permite aspirar al objetivo. Pero bien porque se pueda acabar la dosis de suerte necesaria, bien porque no todos los rivales se mostraran tan conformistas y confiados como el Deportivo de Garitano en la segunda mitad, lo cierto es que lo visto hasta ahora no hace presagiar un cambio inmediato.

La vía puede venir por dar protagonismo a jugadores como Iturraspe o Susaeta, que sufren el castigo del técnico con más severidad que otros que parecen dar tantos o más motivos. Incluso la variación del sempiterno 4-3-2-1. Porque visto está que Muniain y Williams empiezan a dar señales de que con Raúl García apropiado de la media punta y ellos condenados al trabajo de banda no rinden como se espera. Sobrar no sobra nadie, igual se trata de revisar vídeos y aflojar en un esquema que valió en otras temporadas pero que no parece ser el que mejor se adapta ahora a los jugadores que el entrenador dispone, sobre todo en los metros finales.

Puede que el resultadismo, algo a lo que siempre nos acabamos aferrando, impida una reflexión sincera de lo que se está viendo y sus porqués. Al final, los arboles de la remontada están impidiendo ver el bosque.
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2 comentarios

  1. Buena crónica, Sr. Gontzal, enhorabuena.

    Un pequeño apunte, es de las escasas crónicas del Zarpazo en las que no hay una sola mención al árbitro ni al equipo arbitral, curiosamente el día en el que marcamos el gol de la victoria en fuera de juego, si bien es un error totalmente comprensible, ya que fue por muy escaso margen.

    En general felicito al Sr. Melero por una fantástica labor.

    Saludos cordiales.

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    1. Este es de los escasos comentarios, estimado Palomares, en que leo sin dejar lugar a la duda a que el gol fue en fuera de juego.

      Sinceramente, me encantaría poder gozar de una visión como la suya.

      Es evidente que la posición es dudoda. Tan dudosa que nadie se atreve, salvo usted y Jon Agiriano (lo mismo se tratan de la misma persona), a afirmar con seguridad que la jugada lo fuese. De ahí que no haya mencionado nada, porque de mediar error en el asistente, creo que es disculpable.

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Aldez aurretik, eskerrik asko. Gracias por anticipado.