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Naufragio y posible fin de ciclo

Es mejor no pensar qué darían de sí estas líneas de haberlas escrito a eso de las 21 horas de ayer. Es lo bueno de limitarse a dejar la base preparada y rematar al día siguiente, ya con la cabeza algo más fría.

A los niños se les suele ilustrar con cuentos, una forma de aprender sencilla, comprensible para ellos, pero que suelen tener una carga de verdad a transmitir mediante símiles. Uno de ellos es del famoso pastor al que se le avisa de que viene el lobo. A los componentes de la plantilla del Athletic, salvo honrosas excepciones, les ha venido sucediendo algo similar. El lobo futbolístico les ha estado a punto de aparecer en innumerables choques en San Mamés y en todos los que han disputado esta temporada alejados de La Catedral.

Mientras los resultados se iban dando, la plantilla se levantaba la camiseta y mostraba una frase tatuada –no eres futbolista hoy por hoy si no tienes una marca de tinta bajo tu piel- a fuego: clasificación, amigo. Sí, pero, decíamos algunos. Casi todos. Los que poblamos las redes sociales, opinión mayoritariamente prescindible, y la opinión publicada en prensa, radio y televisión, generalmente más susceptible de ser atendida por los profesionales del fútbol.

Daba igual. Nadie parecía querer escuchar y los rojiblancos seguían en su huida hacia adelante, confiando en sus partidos en casa para acopiar puntos, mientras los bochornos fuera de casa se sucedían. Para los encuentros disputados en el hogar, y tras practicar habitualmente lo que se conoce como un Froilán, o sea, pegarse un tiro en el pie, los zurigorri lo fiaban todo a la conjunción astral que se ha venido dando y que ha hecho que el equipo sacase adelante encuentros haciendo pocos -o incluso ningún- mérito.

Llegó la hora de la verdad en la Europa League y el Athletic ha seguido por la misma senda. Solo ha variado un pequeño gran detalle. Esta vez no había, como en la fase grupos, red. Esta vez los detalles importaban. Esta vez no valía con ganar y sumar tres puntos, en perder y esperar a que otros lo hicieran por más goles, o que tan solo empataran con otro rival. Esta vez la diferencia de goles podía ser letal. Por eso la semana pasada, el mismo viernes, la sensación en Bizkaia era amarga, como de eliminación anunciada.

Estábamos en lo cierto. Porque este equipo, a diferencia de hace un año, naufraga a domicilio, contra cualquier rival y en cualquier situación: da lo mismo que sean Barcelona o Madrid, que un Valencia desguazado, el Leganés o el Sporting, o alguien de menor entidad que estos dos, el Apoel de Nicosia.

Existe ahora tentación de juzgar méritos en lugar de marcador, algo que siempre emplean como recurso quienes pierden, es al fútbol lo que el pataleo a la vida. Pero si el Athletic ha caído contra el Apoel, ha sido por su manifiesta incapacidad de traducir superioridad en goles, por la incapacidad de parar la sangría de goles encajados, por no saber aprovechar el balón parado, por carecer de criterio a la hora de crear, de gestionar el balón. No bastan las estadísticas. No es que no basten, es que tan solo valen para el marcador, lo demás es para rellenar espacio en los periódicos. Ornamento, entretenimiento.

El fútbol del Athletic tiene un problema pavoroso. El que representan Williams o Muniain en vanguardia, y el que ponen de manifiesto, hoy por hoy, Etxeita, de Marcos o Bóveda en retaguardia. No fue casual que ayer, de nuevo, naufragase el equipo cuando solo pasaban veinte segundos de la reanudación, en una incursión de los locales por territorio de Marcos, con centro desde la banda y con, en este caso, Etxeita marcando a su par detrás. Se viene repitiendo en los últimos cuatro partidos, por lo menos. Un desastre.

Huele a cambio de ciclo. Un ciclo que algunos no quisiéramos que acabase. Lo dijo Txingurri en rueda de prensa, no es el momento, pero esta eliminatoria simboliza como nada lo que hoy por hoy es su Athletic. Y aunque en fútbol es habitual situar a los entrenadores en el centro de la diana, los responsables de todo esto vuelven a ser los que saltan al césped. Porque no hay entrenador que pueda enderezar ciertas cosas sin voluntad de sus futbolistas, venga de Viandar de la Vera o haya nacido en Rosario.

Hoy quienes han tenido la osadía de escribir que el mal juego del Athletic se debía, entre otros factores, a la falta de oportunidades que el terco entrenador se empeñaba en no dar a Iturraspe, obvian el papelón del de Abadiño, como ya lo hicieran el lunes tras el ridículo de Mestalla.

Ese es y no otro el problema clave de este equipo. Que ninguno de los jugadores está al nivel que se les supone. Cuando se han ido acumulando puntos, pasando eliminatorias, con Aduriz luciendo una pegada por encima de lo razonable, los resultados ocultaban la realidad, o permitían pensar que poco a poco, a medida que llegaban los resultados, mejoraría el juego.

Pero no. Nada ha mejorado y la suerte, esa que en momentos ha aparecido, le ha dado la vuelta al equipo en el momento clave, para poner con toda crudeza de manifiesto lo que venía sucediendo. Y así, un rival con escaso potencial, ha demostrado mayor solvencia defensiva y una pegada más propia de un equipo como el Athletic, que había alcanzado un más que respetable nivel en el escalafón UEFA.

Quizás sea esa otra de las claves, el acomodamiento, tanto de afición como, sobre todo, de jugadores. Acostumbrados ya a las participaciones europeas en un club que antes las vivía esporádicamente, puede que haga que no se disputen ni se vivan como una oportunidad que no se puede dejar escapar. Pero comparar el rendimiento de este equipo en Nicosia y el de hace un año en Sevilla provoca todo un ataque de nostalgia.

Tiene pinta de que cambia un ciclo. Un ciclo que en un tiempo valoraremos en su justa medida. Un ciclo de records en plena era moderna. Porque con este entrenador el equipo ha alcanzado al pasaporte para Europa en cuatro de cinco ocasiones. Y aunque ahora las cosas no inviten al optimismo, podría darse que lo haga en cinco de seis temporadas.
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1 comentario

  1. Efectivamente, toca un cambio de ciclo, alguien que vuelva a ilusionarnos, otro año con Valverde sería un error mayúsculo, eso sí, sabemos que la decisión es exclusivamente suya, Urrutia le renovaría sin dudarlo, me ha resultado una semana altamente empalagosa con tartas y homenajes fuera de lugar.

    No debemos olvidar a quién heredó a un equipo que andaba por los suelos, tras el bienio negro, y colocó las bases para consutruir este triunfal Athletic.

    Después, otros se aprovecharon de su trabajo, pero desde aquí quiero reinvindicar la figura de Don Fernando García Macua.

    Un afectuoso abrazo.

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