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Llegó la victoria uno de los días que más gusta

Cuando menos se esperaba, demostrando que esto del fútbol carece de lógica, después de seis meses no solo de sequía, sino de ausencia absoluta de fútbol a domicilio, el Athletic consiguió una victoria balsámica en Anoeta que le permitirá vivir el final de temporada alejada de los malos augurios que llevaban instalados por Bizkaia por encima de lo razonable.

Con una victoria contundente y concluyente, la lucha por Europa se estrecha por una parte y se aleja por otra, abriendo la posibilidad a optar a algo más que la séptima plaza siempre que el próximo sábado se consiga puntuar frente a un Real Madrid que no convence pero siempre vence.

Salió el Athletic al césped en Donosti sabedor de lo que debía hacer, con la lección aprendida, entregado, concentrado y decidido. Sorprendió a los locales, quizás hasta confiados en exceso por un triunfo que por la trayectoria de ambos equipos se daba por hecha en Gipuzkoa. El caso es que salvo los instantes iniciales y el arreón final antes del descanso, la Real no fue la Real, al menos la que se conoce los últimos meses, y el Athletic no se pareció en nada al equipo que suele ser alejado de su casa, dando una imagen parecida a la del Nou Camp o Pizjuán, pero con pegada. He ahí la clave.

Pudo adelantarse pronto, clamorosa la tuvo Raúl García, que perdonó donde no suele, y tuvo que llegar el gol de penalti, bien buscado por Yeray ante una entrada absurda e innecesaria de Xabi Prieto que se hubiese entendido mejor intercambiando los papeles, si el debutante Yeray hubiera sido el causante de la falta y Prieto el veterano que aprovecha el exceso. Esta vez la balanza se decantó en favor del Athletic, como en Sevilla se le volvía en contra con Etxeita de pardillo. Marcó Raúl, con emoción, tras pegar el balón en Rulli, pero raro era que perdonase el navarro por dos veces.

Ahí mejoró algo la Real, que lo intentó, aunque la única clara que tuvo la desbarató Kepa, que volvía, en una clara declaración de Valverde de lo que quiere bajo palos: alguien que aporte, que detenga algo más que las parables.

Se llegó al descanso y para la reanudación eran varias las tareas pendientes: evitar que la Real saliese en tromba y marcase pronto. Se evitó, porque el juego de los donostiarras fue más barullo que otra cosa, y los rojiblancos estuvieron firmes y listos para salir a la contra. En un fallo clamoroso de Odriozola y en una indecisión de Martínez se sustanció el gol de la tranquilidad, un mazazo para los locales, inventado por Williams, que lo había intentado y había fallado como casi siempre. Le sentó bien el gol, y esperemos que le sirva para serenarse a la hora del remate en adelante.

A partir de ahí el guion siguió por donde la lógica indicaba: con la Real intentando acortar distancias, aunque con más corazón que cabeza o fútbol, y con el Athletic con el cuchillo entre los dientes para lograr el tercero. Valverde sacó a Aduriz y quitó a un Munian que llevaba minutos desentonando: ni era su día ni el terreno de juego estaba para alguien con tan poca potencia.

Pudo sentenciar el Athletic por dos veces y acortó la Real, aunque lo invalidó el árbitro, algo en lo que desde Gipuzkoa se basan los más recalcitrantes hoy para justificar la derrota. Debió subir el gol al marcador, por la misma regla que el árbitro debió señala un penalti a Raúl García en área txuriurdin, pero Sánchez Martínez, que es más malo que chulo, y chulo es un rato, hizo gala de un arbitraje de esos que te hacen entender por qué razones es internacional: previsible en las áreas, tarjetero, cobarde a la hora de elegir el color de las cartulinas (lo agradecieron Yuri e Illarramendi) y malo aplicando la ley de la ventaja.

Afortunadamente, hay gente que aún sabe aparcar la pasión y reconoce que el Athletic ganó porque fue sencillamente mejor, porque consiguió llevar el partido a su terreno, porque hizo que la Real ni estuviese cómoda ni consiguiera hacer su fútbol. Raúl le ganó la partida a Illarra, Beñat y San José –gran noticia su mejor juego de las últimas tres semanas- rompieron la línea de creación de un pedazo jugador como Zurutuza y el juego por bandas, ese que ha llevado a poner en el escaparate a Berchiche y Odriozola, no fueron las que vienen siendo. A ello se debe sumar el gran trabajo de Laporte y, sobre todo, un Yeray que está dando un nivel impropio de un debutante.

Se cumplió, por tanto, la tradición, esa que suele demostrar que los derbis suelen venir mejor al equipo que no está tan bien en la clasificación, el que llega con más dudas. Ahora los rojiblancos deberán dar el do de pecho contra el Madrid de Zidane, que sin juego sigue encaramado al liderato. Si era necesario un empujón definitivo para la venta de entradas, esa  cuyo plazo para los socios vence hoy, lo dio el equipo con su victoria a domicilio.

Es inevitable seguir pensando qué hubiera sido este año de este equipo si lejos de San Mamés hubiera hecho mínimamente los deberes.
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