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Infumable e importante victoria

Sigue el Athletic acumulando puntos como local y sin descolgarse de la zona europea, que es el objetivo, y en ese sentido la cosa no va mal. Si nos metemos a analizar el juego, si entramos en el cómo, el debate da para largo. Porque el juego del Athletic sigue naufragando, sigue sin aparecer, y el equipo lo fía todo a la pegada y al efecto San Mamés, que no deja de ser un efecto a estudiar, algo más psicológico que otra cosa, porque lo del ambiente de la grada, ha pasado de leyenda a simplemente leyenda urbana.

Comenzó el partido triste, apagado, con el Sporting acumulando hombres en su retaguardia y fiándolo todo a una contra. Opciones tuvo, el primer disparo fue de los gijoneses, aunque la ternura de los asturianos en posiciones ofensivas explica su posición en la tabla. El Athletic no aparecía, principalmente porque la pareja Beñat-San José no está al nivel del pasado ejercicio y no acaban de engranar una racha en la que a ambos les salgan las cosas al nivel que se les presupone.

A la espesura en la creación se sumaba la acumulación de piernas gijonesas en el centro del campo, que obligaba a actuar en exceso a los centrales, con Bóveda sufriendo lo indecible y complicándose la vida más allá de lo razonable. Muniain, que volvió a gozar de la oportunidad de actuar en la media punta, era incapaz de hacer lo que se le demanda, lo que luego sí consiguiera en la reanudación. Y Lekue, por banda izquierda y derecha, a ratos, turnándose con Raúl, no daba una. Tampoco pasan García y Aduriz por su mejor momento de forma, aunque de estos dos  siempre te puedes esperar que te revienten el partido en cualquier instante.

Y llegó la jugada que determinó la primera parte. Bóveda veía como un intento de tapar un disparo en el área era señalado como penalti. Pareció un penaltito, de esos que nunca se verá pitado como tal en área propia de Barcelona, Madrid o Atlético. Pero ya sabemos cómo es Clos. Llueve sobre mojado con el aragonés, son muchos partidos ya, y al Athletic siempre se le atragantan, le cuesta horrores ganar con él. Ahí están las estadísticas. Se lo advertía antes de entrar al campo a quien me acompañaba. Ojo con Clos. Que siempre se muestra condescendiente, pasivo, con el rival y riguroso con los rojiblancos. El partido de la primera vuelta en Gijón ya fue una muestra.

Así pues, por deméritos propios, el Athletic se iba a la caseta muy necesitado. De puntos y de variaciones. Valverde lo vio claro. Y acertó. Entre otras cosas, porque Williams, que entró por el desaparecido Lekue, no es mala opción como revulsivo. Y su sola presencia alteró el partido, desesperó a la defensa visitante, activó al equipo y, sobre todo, a su amigo Muniain, que fue otro.

El centro al área desde la izquierda que Muniain remató a gol de aquella manera, lo cambió todo. Ya solo era cuestión de tiempo. Y el gol llegó desde los once metros, tras otro penaltito a Muniain, que señaló Clos porque le pesaba la conciencia (lo hubo más claro antes a Raúl, pero a este parece que está permitido hacerle de todo). Lo transformó bien Aduriz, con rabia, en el disparo y más en la celebración, pues había fallado dos clamorosas antes, en las que el portero sportinguista se ganó el sueldo.

Y se acabó el partido, aunque quedase tiempo. Todo pasó del deporte a la reyerta, a la bronca, al antifútbol, a la pérdida de tiempo. Cierto que quien había comenzado con la teatralización y a administrar el cronómetro fue el Sporting, cuando se vio en ventaja, demasiado pronto, además; pero con el dos a uno fue el Athletic el que contribuyó a convertir el partido de fútbol en un espectáculo poco grato.

Nada de ello hubiese sido necesario de apostarse por el fútbol, de jugarse a algo más, y, sobre todo, si Clos Gómez hubiese hecho lo que debía: haber dejado al Sporting en inferioridad expulsando a Amorebieta. Ya fue condescendiente con él en agosto en El Molinón, perdonándole la expulsión por dos veces, al igual que ayer.

Lo de Amorebieta, triste protagonista del partido, poco pase tiene. Convertido en una triste sombra del jugador que pudo ser, naufraga en la que, seguramente, sea su última oportunidad de engancharse al fútbol. Cuestionado en Gijón, donde no cumple las expectativas de un futbolista con ficha millonaria. Y saltaron chispas con él, una vez más con Aduriz, en algo que se intuye algo más que la disputa deportiva, como si hubiese una manifiesta antipatía. Lo decía ayer Beñat Zarrabeitia en Twitter, y es cierto. En el momento en que los caminos de Aduriz y los fernandos -Amorebieta y Llorente- se cruzaron, empezó la mejoría de uno y el declinar de los otros.

Puede que en las disputas de ayer todavía afloren los enfrentamientos que se dieron en la caseta hace ya cuatro años, cuando la facción más profesional del vestuario defendía la labor de un técnico distinto mientras que los millonarios prematuros reventaban el año más prometedor que se recuerda.

Amorebieta, al que costó obtener el graduado escolar, el que mal asesorado rechazó una oferta de renovación estratosférica afortunadamente retirada por Urrutia, aquel jugador que como gota que colmó el vaso para Bielsa se borró de un encuentro, sigue batiendo récords. Futbolista mas expulado en la historia del Athletic, jugador con más tarejtas de la Liga por partido disputado. Abucheado en su antigua casa tras una fría recepción, con solo un abogado, Iker Muniain, amigo íntimo que intentaba poner ayer paños calientes a una actuación vergonzosa patrocinada por Clos Gómez. Una pena. Afortunadamente, una anécdota en la historia del Athletic.

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Empates que suman algo más que puntos

Desde la llegada de Simeone al banquillo, una pesadilla. No puede el Athletic con su otrora sucursal madrileña, aunque se emplee a fondo. Ni en liga, ni Copa, ni Europa League. Un mal sueño que no acaba. Ni tiempo tuvieron los de Valverde de tomarle el pulso al rival, porque para cuando algunos ni tan siquiera habían acabado de acomodarse en el asiento, los colchoneros mandaban en el marcador, en un centro-chut de Koke que pilló tan frío al personal de la grada como a Iraizoz en la portería.

Era el peor escenario ante un equipo rocoso que gestiona los marcadores favorables como nadie en Europa. Pero midió mal. Romo en ataque, conformista, quizá sin hacer el daño que debía con una situación tan propicia, erró en sus cálculos el equipo que ha hecho de la cicatería –entre otras cosas- bandera y dejó vivo a un Athletic que siempre lo intenta.

Les costó a los rojiblancos locales, que no encontraban forma de percutir, hasta que se fueron entonando los que fueron clave en la victoria: Iturraspe y Muniain. Aunque pueda parecer mentira, por eso es noticia. Seguramente dos de los futbolistas a los que más se echa de menos por su desesperante irregularidad. Claro que a la mayor profundidad de los leones contribuyó que Valverde alterara su propuesta inicial y que Williams y Raúl alteraran las posiciones. Con García de nueve el Athletic encontró un referente, un faro, algo sin lo que no sabe jugar desde prácticamente siempre, y la defensa colchonera se vio superada por sorpresa, alterada la hasta entonces plácida tarde.

Al descanso se llegó con una igualada ilusionante, con golazo de Lekue, que lo hizo bien por un carril izquierdo que sigue sin dueño en posición de mediocampo en adelante. La reanudación trajo algo más de pimienta, con los visitantes más obligados, y en el intercambio de golpes sorprendió el Athletic, con gol marca de la casa, aunque con protagonistas poco habituales, con García de centrador, genial, un regalo, como ya hiciera contra el Barcelona en Copa, y con de Marcos de ariete. Lo que aporta el jugador de Biasteri a este equipo solo se puede valorar cuando se ausenta una larga temporada.

Llegaron los mejores momentos del Athletic, quizás el cuarto de hora de fútbol que se estaba esperando, un debe del equipo, demostrar que puede gestionar un partido con algo más que el físico, manejando el cuero. Pero le faltó aire. Parecía evidente desde la grada, con un Williams muy justo, incapaz de aportar el sosiego y la templanza que en su posición se necesitaba. Tardó Valverde, demasiado.

Puede que en el pecado de intentar reservar los cambios para gestionar el cronómetro lleve la penitencia. El caso es que a una falta de contundencia de Iturraspe en el medio campo por aquello de estar amonestado y no querer repetir la de la noche de Reyes en Copa, se le sucedió una genialidad de Griezmann con la zurda, con un disparo que se coló junto a la cepa del poste igualando el marcador.

No le quedaba resuello al Athletic, ni ganas a los colchoneros de intercambiar golpes, de tentar la suerte. Por el sumidero se fueron los diez minutos que quedaban entregando al Athletic un punto escaso, pero meritorio. Porque la escasez de recaudación de puntos se debe a los debes del equipo frente a Alavés o Leganés, por lo que ahora es obligado un triunfo convincente frente al desahuciado Sporting.

Cerrada la primera vuelta en guarismos buenos para lo que acostumbra este grupo y con este entrenador, los deberes se dejan para la segunda. Sin la Copa ya como distracción ni fuente de excusas, a la espera de lo que pase en Europa League, el equipo debe ser capaz de recuperar una línea de mejor juego, de regularidad y de contundencia.

Para ello cabe esperar que se recupere definitivamente a buena parte de los que no han podido estar (importantísimos como de Marcos), la mejor versión de los que estando podían haber aportado más (San José, Beñat, Aduriz, Muniain, Williams…) y el paso adelante de los que o no han convencido al entrenador o no han sabido tener la regularidad que les permita gozar de más minutos (Lekue, Susaeta, Iturraspe, etcétera).

Y clave será, también, que coincida en el tiempo la mejor racha de la mayoría de ellos, porque si algo se ha echado en falta en este primer tiempo liguero ha sido ver a un equipo con la mayoría de sus miembros en un estado de forma ideal simultaneo.

Por cierto, y para cerrar post y cometario sobre el encuentro contra los colchoneros. Que el Athletic compitiese sin Aduriz y Beñat, es buena noticia. Tan buena como pésima la capacidad de influir del Club en los estamentos que dirigen este circo. Debiera pensarse muy bien quien marque estrategia en Ibaigane si la ley del silencio lleva a algún lado en un show en el que todo quisque protesta y chilla, incluso preventivamente. Porque la decisión de los comités de la semana pasada, el no anular las tarjetas a Beñat y Aritz, fue la constatación, por si hasta ahora había habido pocas muestras, de la falta de respeto al Club en asuntos como el arbitral, horarios o recursos.

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El día más triste del año y tal

Los que importaron el Black Friday nos dicen ahora que hoy toca vivir el día más triste del año. Hombre, siendo enero, de los días más cortos del año, empezando la semana, y con lluvia para aburrir, pues tampoco hay que ser astrólogo para llegar a tamaña conclusión.

En lo futbolístico, desde luego que no parece que el entorno del Athletic esté para grandes alharacas. Toca en la bipolar y ciclotímica parroquia rojiblanca semana de noes, de temperaturas mínimas, bajo cero, en el termómetro de lo anímico. Es cierto que el juego del equipo no acaba de convencer, de parecerse a lo que debiera ser, no ya un fútbol para enamorar, que hace tiempo que parece que renunciamos a eso, sino incluso a aquel equipo que desplegaba un derroche absoluto de presencia física, desborde, presión y empuje… ¡coño!, ¡el del primer partido de octavos, el de la ida de San Mamés contra el Barcelona!

Pues sí. Han pasado tan solo once días. Y aquellos recuerdos que parecen tan lejanos dieron para adjetivos positivos de todo tipo, para reverdecer sentimientos de orgullo como hacía mucho. Pero en fútbol la memoria es escasa, la paciencia inexistente, la coherencia brilla por su ausencia y el afán por la crítica descarnada copa la mayoría de conversaciones, tertulias, redes sociales y columnas.

No será aquí donde se justifique lo de Butarque, una lamentable actuación de los rojiblancos, seguramente la peor en tiempo, bueno, dejémoslo en de las peores, que no acabó en una vergonzante goleada porque un tal Machís hizo gala de una invidencia cara a puerta rival de las que dan para editar unos cuantos vídeos de esos que hacen las delicias del personal más propenso a la carcajada.

Mucho que achacarle al Athletic, a un dormido Lekue que cuajó una sonrojante actuación por lateral derecho, si bien cabe responsabilizar de ello a un centro del campo que no presionaba lo más mínimo, un suicidio para un equipo que arriesga tanto con la línea defensiva. Pero San José e Iturraspe, los elegidos para el eje de la medular por Valverde, no daban una a derechas. A ello se unió la ausencia de Aduriz, al que ciertamente tampoco llegó nada rematable; la versión menos productiva de un Raúl en horas bajas; otro día más de intrascendencia de Williams, acompañado por la versión de Muniain que se ha convertido en norma; los lógicos fallos de un Bóveda cuyas carencias como central van apareciendo a medida que se tiene que apostar por él como titular y no como parche; los desgraciadamente habituales fallos de un Laporte que no acaban de desaparecer a medida que avanza la temporada.

Los riesgos de jugar un sábado a mediodía y no hacerlo bien, o, al menos, no obtener un buen resultado son que se da demasiado tiempo al personal para opinar, abrirse las carnes, despotricar y buscar culpables por doquier, amén de soluciones de todo tipo. Al final, las conclusiones de los indignados zurigorris acaban siempre igual: culpando al entrenador, en muchos casos, o señalando a la dirección deportiva por la falta de refuerzos para el plantel.

No solo porque las redes sociales tienen tal fuerza que acaban distorsionando debates y condicionando la opinión general, sino porque acaban, parece, contagiando incluso a los generadores de opinión profesionales. Reflexionaba el pasado viernes José Luis Artetxe en una columna de Deia acerca del ruido que se genera alrededor del equipo, de la proliferación de opinadores, que en muchos casos, además, han –hemos- dado el salto desde redes sociales a medios de comunicación convencionales. Creo que la reflexión es atinada, que tiene una parte de razón importante, que verter opinión sobre fútbol requiere unas dosis de conocimiento, templanza, capacidad de análisis y, sobre todo, prudencia que no prolifera últimamente.

Afirmaba Valverde en pretemporada que le preocupaba la capacidad que como entrenador podía tener para motivar al conjunto de la plantilla, de volver a sacar lo mejor de cada uno de sus futbolistas este ejercicio, algo que veía como la parte más complicada de entrenar el mismo plantel por cuarto curso consecutivo.

Puede que haya algo de esto en la actual situación de un equipo al que cuesta demasiado ver en su mejor versión, la que, por ejemplo, se vio frente al Barcelona recientemente. Es innegable que el entrenador tiene una gran cuota de responsabilidad, pero parece difícil saber qué es lo que se debe hacer, por ejemplo, para que Iturraspe despliegue contra el Leganés el fútbol que puso sobre el tapete en San Mamés, clave para desarbolar al todopoderoso centro del campo culé.

Ahora, para los más enfervorizados, el bálsamo de fierabrás que curará todos los males pasa por acudir al mercado invernal. Da igual a qué. Como dinero hay, que se gaste cuanto sea necesario, como si el hecho de fichar fuese sinónimo de reforzar. Es tan cierto que al equipo le vendría como agua de mayo reforzarse como la casi imposibilidad de hacerlo. Simple y llanamente por la peculiar política deportiva de un equipo que hemos decidido quienes formamos parte de él. Resulta a veces desesperante la falta de coherencia  e, incluso, la precipitación con la que algunos, en ausencia de refuerzos, pretenden echar a los leones, nunca mejor dicho, a jugadores prometedores del filial, olvidando la necesidad de hacer debutar a los cachorros con orden y en las condiciones más propicias.

Es probable que de ganarse al Atlético, otro que tampoco es el que era, el debate y las dudas se calmen, porque la ciclotimia tiene un patrón de comportamiento similar a la evolución en la clasificación. Contra los colchoneros es probable que se enfrenten prácticamente los mismos que rozaron el ridículo en Butarque. Y seguro que la actuación de todos y cada uno de ellos es diametralmente diferente.

Esperemos que el equipo no se atenace, que no ceda a la presión de un entorno que afila en exceso las críticas, porque si bien es cierto que el juego del equipo preocupa, no es menos cierto que la situación clasificatoria sigue siendo buena y que, a nada que se mejore, las posiciones europeas están en disposición de ser conquistadas.

Y existen condicionantes, que no excusas, que pueden estar marcando el devenir del equipo en la tabla. A día de hoy en pocos partidos se ha podido ver la mejor versión simultáneamente de los mejores jugadores. Además de innumerables lesiones, sanciones y picos de forma no coincidentes, no han permitido ver a los principales referentes dar su mejor versión el mismo día.

Este equipo ha perdido por lesión a Beñat en el momento que mejor estaba, versión que tras su reaparición no ha podido verse. Laporte inició la temporada renqueante tras la lesión de verano y aún, consumida media temporada, no ha dado  lo que de él se espera. Poco podemos decir del infortunio del bueno de Yeray, que era la alegría del curso. San José es una sombra del jugador que alcanzó la internacionalidad –o quizás por esto-. Y de Marcos, ese pulmón que suple las carencias defensivas con dosis de entrega y velocidad insustituibles acaba de llegar y parece quedarle un mundo. Ahora, la última, parece que se confirma la baja de Sabin Merino por otra nueva pubalgia, que quizás explique el lamentable rendimiento de este ejercicio.

No son excusas, son situaciones reales que condicionan el rendimiento individual y colectivo. De la misma forma en que lo hacen los arbitrajes. Cuando aún colea la bochornosa campaña del barcelonismo mediático, esa que consiguió al fin y a la postre condicionar la eliminatoria en su favor, la actuación de Jaime Latre en Leganés también perjudicó al Athletic, en ese partido, y sobre todo para el de la próxima semana, por las absurdas tarjetas a Aduriz y Beñat. Qué tendrá esto del arbitraje que lleva a los trencillas a inventar situaciones, basadas en muchos casos en los prejuicios que tienen hacia ciertos futbolistas. Sería para reírse de no suponer para el Athletic una perdida deportiva irreparable. Veremos qué pasa con los recursos, pero como están en las mismas manos que los sorteos de Copa, es mejor echarse desde ya a temblar.

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Esperado, pero igualmente frustrante

No genera grandes decepciones porque, en el fondo, al margen de las pequeñas esperanzas, de la ilusión, la eliminación contra el Barcelona estaba casi descontada. No hubo demasiadas sorpresas en el Nou Camp, ganaron los culés, con merecimiento y más apreturas de las deseadas, y con cierta incertidumbre por aquello de que un gol más hubiese clasificado a los rojiblancos.

Claro que para ello hubiese sido necesario que el equipo generase situaciones de peligro, puesto que rozar el ciento por ciento de efectividad puede ser factible cuando haces un tiro a puerta, pero suele resultar más difícil rozar ese porcentaje más allá de un único gol. Simple cuestión de probabilística, por más que ayer el Athletic rozase lo milagroso, marcar en campo culé con centro desde la banda en posición de carrilero de Elustondo y remate de cabeza al segundo palo Enric Saborit. Tan solo apostando un euro a esta combinación en cualquier casa de apuestas, te llevas como botín toda la recaudación, la sede de la empresa y un par de secretarias.

Era cuestión de tiempo. De que al Athletic se le acabara la pila y de que los blaugrana acertaran en
alguna combinación. Se libró el Athletic en la primera media hora, mientras el físico le permitió un despliegue fantástico de presión, con las líneas arriesgdamente adelantadas, haciendo caer a los barcelonistas en constantes fuera de juego por la zona de vanguardia y presionándole con fuerza en la retaguardia. No estaban cómodos los locales, les costaba trenzar el juego y llegar a las inmediaciones de Iraizoz.

Hasta que lo lograron, por mediación de Suárez y tras se asisitido po Neymar, una pesadilla para Bóveda, primero, y Elustondo, después, puesto que el Athletic volvió a sufrir una nueva lesión muscular, de Etxeita en este caso, detalle que sin ser clave también condicionaría las decisiones de la segunda parte.

Y es que arriesgó Valverde, como arriesgan todos los que toman decisiones, intentando un once que desgastara al Barcelona con presión adelantada en la primera mitad. La lástima fue irse perdiendo por la mínima al descanso, tras marcar los culés en su primer tiro a puerta. La cuesta arriba llegó en forma de penalti, bien señalado por Gil Manzano, buen árbitro, que demostró personalidad, honestidad y criterio. Tan clara fue la pena máxima como tonta, tras un resbalón en el área de Bóveda –alguien dirá qué clase de botas calzaron los nuestros, con constantes caídas por resbalones, incluso del portero-y levantar las piernas para derribar a Neymar, innecesariamente.

Poco tardó el Athletic en reducir las distancias, en la ya mencionada jugada, y en forzar la prórroga, provisionalmente. Hubo un tiempo en que a los locales les costó reaccionar, hasta que el cansancio hizo mella. Aguantó Valverde el cambio que le quedaba, ya había entrado Aduriz tras el descanso, oro puro con la incertidumbre de saber si habría que enfrentarse a media hora de partido adicional.

Llegó el jarro de agua fría, no por esperado menos doloroso. De falta, marcado, como no, por Messi, que lleva tres goles de esa factura en tres partidos, dos a Iraizoz. De poco sirve ahora decir que las faltas que precedieron a ambos lanzamientos fueron inexistentes. No interesa. Al fin y al cabo se trata de errores asumibles, de cosas del fútbol, de jugadas en las que los árbitros pueden fallar. Máxime en un escenario como el de ayer, con la grada histérica tras la campaña y la patraña. Existe la tentación de imaginar qué hubiera sucedido si es el Athletic el que se clasificara para la siguiente ronda con dos goles, por ejemplo de Beñat, a lanzamiento de faltas mal señalada. Pero también en eso debemos ser distintos.

Fue mejor en el global el Barcelona, ante un Athletic al que se le han complicado en demasía las circunstancias, de por sí ya de altísimo nivel. A las expulsiones del partido de ida –rigurosas a más no poder, que ya nadie recuerda-, a las exigencias de un calendario apretado al que el desacertado –personalmente pienso que malintencionado- criterio de fijación de horarios y la plaga de lesiones han hecho que la eliminatoria fuese prácticamente inasequible, por más que el balance de daños haya sido mínimo, al menos en lo que a marcador se refiere.

Descontada la Copa, otro año más, como se ha convertido en casi costumbre, enterradas las ilusiones tras cruzarse los catalanes en el camino, solo queda apretar en Liga y jugar a la ruleta europea. Veremos con qué sorprende Valverde en Butarque, con un plantel cogido con pinzas.

Es difícil ahora defender las decisiones de ayer del entrenador, y sin embargo poco creo que cabe censurar. Son en partidos como ayer donde cabe que los menos habituales den un paso al frente, demuestren algo, en ocasiones en las que teóricamente no debe caber más motivación. Y, sin embargo, desmoraliza ver el rendimiento de Sabin Merino, Saborit o Eraso. Para jugar en primera, al menos en el Athletic, hay que hacer bastante más. Mucho más. Dejando al margen la actitud, hablamos también de aptitud. Que la capacidad de retener el balón en los pies más de un segundo o acertar en algún pase y control se le supone al jugador de élite. O al presunto.

No se libra el bueno de Txingurri de la crítica, ayer ardían las redes sociales desde el momento en que se anunció el once inicial. Las hubo razonadas, educadas, con criterio. Pero abundaron las desabridas, las hirientes, las que se hacen desde la víscera. Claro que qué podemos esperar si quien encabeza la revuelta se trata de un exjugador del Club.


Aprecio a Fran, pero hay cosas que resultan inadecuadas y poco inteligentes, aunque en él sean costumbre. Inmejorable ocasión para callar la que perdió el Ferguson del Eldense.

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La vida sigue igual

Estorbaba en el calendario el partido contra el Alavés, propicia ocasión para escalar posiciones y encaramarse a puestos europeos, pero sabido es que al Athletic de Valverde, y por cuarta temporada consecutiva, se le atragantan los recién ascendidos, y más aún uno como el equipo babazorro, que recauda buen número de puntos a domicilio, que se había tomado el envite con seriedad y con unas cuantas horas más de descanso tras los correspondientes enfrentamientos coperos.

Al Athletic volvió a faltarle juego, y la sensación de poder obtener la victoria duró lo que duró el fuelle, una media hora, con una sensación de equipo más ausente que cansado, por mucho que Txingurri decidiese dar entrada a varios meritorios para oxigenar el plantel de cara al miércoles. Poco que objetar.

El Alavés cumplió con lo que de él se esperaba, bien plantado, bien defendido, quizás favorecido en la primera mitad por la querencia de del Cerro Grande por el diálogo en lugar de las tarjetas. No tiene suerte el Athletic los últimos tiempos con el colegiado madrileño, un tipo que pasaba por ser lo más decente del arbitraje y que lleva varios desconcertantes contra los rojiblancos.

Y así, con las ocasiones más claras en favor de los visitantes en sendos regalos de la zaga, con el habitual de Laporte, que no acaba de redondear una actuación que certifique su mejor nivel, lo cierto es que poco más que un empate merecieron unos leones que, y es lógico, parecen tener la mente más en Copa que otra cosa, máxime después de todo lo escrito tras el enfrentamiento de la noche de Reyes contra el Barcelona.

Soy pesimista para la visita a la Ciudad Condal. La encerrona que espera a los zurigorri será  de órdago. No me gustaría estar en la piel de Gil Manzano, uno de los más decentes árbitros de primera, del que seguro tendremos motivos para la queja tras el encuentro, pero ahora en frío es conveniente aceptar que resulta lógico y hasta humano ceder a la presión.

Porque resulta indecente la campaña que el barcelonismo mediático ha organizado tras el encuentro del pasado jueves. Hablar de un supuesto atraco al equipo culé daría risa si de ello no se derivasen las consecuencias que, seguramente, se derivarán. Por infame, por mentira, por carecnia absoluta de legitimidad. Pero ya se sabe que las dos multinacionales del fútbol que protagonizan nuestras competiciones deben ganar sí o sí todos los partidos, que de eso se trata esto de unos años a esta parte, y ante cualquier derrota se debe siempre buscar el componente exógeno, puesto que reconocer los merecimientos del rival no entra en el libreto.

Habrán caído del caballo numerosos Saulo de Tarso rojiblancos, seguramente jóvenes, los eclipsados por el tiki-taka de Messi que no conocieron los ochenta, que no saben quiénes son Migueli, Quini o Schuster, que tienen a Maradona por un orondo friki vestido de chándal y que apuntó, durante un rato, maneras de crack del fútbol hace tres décadas. Lo que se vivió jueves, viernes y sábado en el barcelonismo es un remake a pequeña escala de algo que los que tenemos memoria y años recordamos de hace treinta años. Que el entorno culé no soporta perder, que no reconoce errores propios ni méritos ajenos.

Y así, demuestra una desvergüenza sin parangón para justificar una derrota en errores arbitrales el día en que el rival acaba con dos jugadores de campo menos. Todo en base a un penalti no pitado, que pareció clamoroso en el campo, y una supuesta agresión de Aduriz a Umtiti sustentada en unas imágenes de televisión debidamente seleccionadas y manipuladas, mientras se obvian otras en las que más nítidamente se observa que el golpeo de Aritz –que sobró, digámoslo todo- se produce al hombro del jugador culé.

Da igual. El circo es así. Hace tiempo, si por encima de la afición al fútbol no existiese una dependencia sentimental de lo que es el Athletic, que me cansé de este espectáculo, de esta mentira, de esta falsa competición concebida para que dos multinacionales se enfrenten en una guerra sin cuartel en el que hay tantos convidados de piedra, sparrings, actores secundarios, como sean necesarios. Porque el único fin de esta Copa, lo que verdaderamente interesa, es otro enfrentamiento Madrid-Barcelona, a ser posible en una final, que derivaría más que probablemente en una supercopa entre los dos únicos.

A quienes no conocieron en los ochenta la verdadera cara de la caverna culé, bienvenidos. Los Nolla, Casanovas, Aguilar y compañía tienen un currículum importante a sus espaldas. Casi acaban con la carrera de un mito como Andoni Goikoetxea, así que figurémonos lo que pueden durarles Aduriz o Raúl García. No dejo de pensar en los profesionales de Mundo Deportivo en Bizkaia, del equipo que dirige Iñaki Ugalde. Tiene que ser frustrante trabajar con dignidad, honestidad e ilusión para sacar diariamente una edición local sobre el Athletic, pelear para consolidar ventas, y que tu matriz en Barcelona te arroje por la borda el trabajo con ediciones como las de la pasada semana.