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Otro empate para la historia

No pierde el equipo de Ziganda y, en comparación con el abismo de inicio de temporada, parece que es un hito como para celebrarlo. Claro que, analizado el dato, la cosa no es como para ponerse estupendo puesto que de las ocho jornadas invicto del equipo, los rojiblancos tan solo suman tres victorias, que son a la postre las que dan impulso en la clasificación.

Es, no nos vamos a engañar, una castaña de liga en la que el pelotón de torpes está más que apretado, con la salvación y Europa en un puñado de puntos. Cierto es que esto suele tender a romperse allá por el último tercio de liga, pero consumida ya la mitad, no se puede decir, como cacarean los referentes mediáticos que esta siga siendo la mejor liga del mundo. Si me apuran, ni la cuarta.

Así, el Athletic deambula por la Liga, sin demasiado acierto, brillo ni emoción. Ziganda tiene ya, por fin, claro quiénes son aquellos con los que se tiraría a reconquistar su islote de Perejil y, ¡oh sorpresa!, resultan ser todos los veteranos de la guerra de Vietnam, o sea, aquellos jugadores que si no superan la treintena, la rondan. A ello se ha llegado, no nos engañemos, tras casi perder el entrenador la guerra por su apuesta por los cadetes que ni estaban ni sabemos si algún día se les podrá esperar.

Empatar en campo perico no es algo que sorprenda, por esas cosas que solo se dan en el fútbol y que no se saben explicar, es difícil ver en ese campo barcelonés, al menos cuando el Athletic lo visita, algo que merezca el calificativo de espectáculo. Cierto es que la primera hora de partido, al menos en lo que a los leones se refiere, fuese de lo más potable visto en ese campo o en este ejercicio como visitante. Incluso, quién sabe, de no darse el imperdonable fallo de Rico (zapatero a tus zapatos), podría haberse, por qué no, visto una victoria de un Athletic que tuvo una buena actitud.

No brilló ningún jugador, en especial Aduriz o Raúl, más espesos de lo esperable, ni Iturraspe dirigió con la soltura de una semana atrás. Rico empujó, y pese al lunar, o, mejor dicho, si se obvia el lunar, fue de lo más decente junto a un renacido Susaeta. Y es que ambos le han dado un dinamismo a este grupo que lo han hecho resucitar.

No podrán quejarse ni Ziganda ni Sánchez Flores del empate en un partido que fue de más a menos, de alternativas y juego más o menos vistoso, a acabar, por miedo a perder, en una media hora final plagada de trompicones y faltas, ante la atenta mirada de un desastre para el arbitraje como Trujillo, que ha llegado a la liga para seguir dejando muestra de que el arbitraje canario ha sido, es y será siempre calamitoso: recordar los nombres de Brito Arcelo, Merino González, Rodríguez Martel o Socorro González siguen poniendo los pelos de punta.

Para la historia seguiremos reseñando que la portería la volvió a ocupar el recientemente renovado Herrerín ya que el hasta hace poco titular continua convaleciente de una lesión de la que poco sabemos. El culebrón Arrizabalaga continua, aunque da la sensación que va a finalizar con poca emoción, con un final previsible y de una forma triste y lamentable.

Vuelvo a leer y releer el comentario del camarada Eneko en la entrada anterior, y por mucho que lo intento, no consigo contagiarme de ese optimismo que él destila. Y no, no es por el frío invierno, que esto nuestro es Canarias en comparación con lo que él padece.
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