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Nueva ocurrencia y constatación del fracaso

Resulta desolador hablar de fútbol esta temporada. Ver un partido del Athletic se ha convertido en un padecimiento, en algo que da pereza, que se hace más por una disciplina férrea, que por resultar atractivo por algún motivo. Lo mismo sucede cuando toca enfrentarse a un folio en blanco sobre el que emborronar unas líneas para comentar la actualidad zurigorri.

Han sido dos meses digamos que relativamente plácidos en lo deportivo, por eso de que andaban de por medio las navidades, que distraen al personal entre atracón y atracón, por la cantidad de noticias que los culebrones Kepa, Laporte e Iñigo Martínez han proporcionado a la prensa y, por extensión, a los corrillos físicos o virtuales, y porque el equipo de Ziganda, a trancas y barrancas, al menos puntuaba y registraba marcas de partidos sin conocer la derrota, como si en el sistema de tres puntos el hecho de no perder fuese algo especialmente brillante.