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Los clientes del VAR se fueron marchando


Decía Cafrune que el tiempo, como la vida, no vuelve más. El fin del urrutismo, ese periodo tan negro en el que el Athletic parece haber estado secuestrado de pies y manos, encerrado, como Mari de Anboto, en alguna cueva de algún monte de Euskal Herria. Es fácil intuir que siendo Josu el secuestrador, lo más probable es que fuera en Anboto, para qué salir de Bizkaia.

Los tiempos de ceño rojiblanco fruncido han quedado atrás, dicen, y desde hace dos semanas tenemos una primavera en la que los pájaros hibernan, pero ciertas especies de periodista cantan. El nuevo presidente, dicharachero, simpático e hiperactivo, concede a la canallesca gran parte de su tiempo, que a estas alturas ya hemos podido leer sus maravillosas ideas e intenciones hasta en la revista de los supermercados BM y escucharle en Radio Taxi Gatika.


El anhelado cambio era esto, ni más ni menos, que a la prensa se lo pongan fácil, puesto que ahora es más sencillo para el redactor de turno rellenar los minutos de radio y televisión o páginas de periódico que su medio le exige, con esta catarata de noticias, bueno, llamémosle cosas que contar, que en la época anterior.

Pinchará el globo, porque es difícil sostener artificialmente todo este escaparate, y poco a poco, empezará a analizarse el fondo y no las formas. El presidente debutó con victoria en Vigo y con severa derrota en San Mamés, que es lo que interesa e importa.

Ya no está Berizzo, ni Amorrortu, ni tan siquiera Urrutia. Está su herencia, que seguramente no será la mejor, algunos lo achacarán a la gestión, puede ser, y otros, los más veteranos y reflexivos, lo identificarán como uno de esos finales de ciclo tan complicados de gestionar tradicionalmente en el Athletic. Si a ello se le unen los actuales tiempos, la falta de acierto en la selección del entrenador que empezó la pretemporada y la persistencia en no cesarle cuando parecía más que necesario, pues avocan al equipo a una temporada gris donde las haya.

Así, con estas, el partido de ayer contra el Sevilla, estorbaba en el calendario como nunca. Nos venía mal a los aficionados, con menos ilusión por la Copa que nunca, como evidenció el aforo de La Catedral y, sobre todo, la falta de conversación en cualquier foro rojiblanco sobre el encuentro copero.

Esa falta de ilusión fue contagiosa, y de la misma forma se lo tomaron en la plantilla, que a pesar de la apuesta decorosa por parte de Garitano, el equipo no funcionó. Mucho Sevilla enfrente, un grupo muy bien trabajado por parte de Machín, ahí está su trayectoria en Liga, para muy poco Athletic, frío, desnortado, sin intensidad.

El desastre defensivo, con un Núñez al que jugar por la izquierda le sentó peor de lo que le hubiera sentado a Santiago Abascal; un Yeray ausente; San José, goleador, pero que con el balón en los pies parecía un aspersor; Córdoba gélido e instrascendente; Susaeta fallón, y Guruzeta, con poco rodaje, mucho arroz para poco pollo. La grada no se sorprendió, y contempló el espectáculo con pasividad, algo así como Iturraspe, solo que Ander desde mejor localidad, más cerca del césped.

Cuando llegaba el final de la primera parte, que se hizo eterna, llegaron más malas noticias, las peores: Aduriz empataba y se lesionaba, y entretanto, y dado que el asunto llevó unos cuantos minutos entre atender a Aritz y retirarlo del terreno, al chimpancé que atendía el VAR le dio por descubrir botón de rebobinar y a punto estuvo de anular el  gol de Endika en la final del 5 de mayo de 1984.

Esto del rearbitraje, contra el que estoy furibundamente, está consiguiendo lo opuesto a lo que se pretendía. Ahora, se ha pasado de los asumibles errores arbitrales, por la dificultad que entraña siempre tomar una decisión en segundos, a un despropósito en los que ya nadie sabe cuándo actúa el nuevo sistema, qué criterios sigue, qué se considera un error grave o ya, ayer, cuándo se pasa a considerar segunda jugada. Del Cerro Grande, que es un buen árbitro, ayer dio una nueva clave: la ausencia de control espacial para considerar si se pasaba de una jugada a otra. Ya ves, ahora, para ser aficionado y poder discutir decisiones arbitrarias, perdón, arbitrales, hay que dominar, también, la geometría analítica de Descartes.

La segunda parte dio mucho de sí… para el Sevilla. El Athletic, mejor plantado, dio un paso al frente, igualó la eliminatoria y la ilusión duró lo mismo que con el tanto anulado de Aduriz. Esta vez no por decisión del realizador de televisión de Las ROzas, sino por la, de nuevo, pasividad de la zaga y la contundencia del Sevilla.

El 1-3 vino a certificar la diferencia existente, hoy por hoy, entre ambos planteles, la vulgaridad del Athletic cuando no se jugaban tensión y atención, la certeza de que cuando nadie cree en la Copa, plantilla incluida, la ilusión se diluye y se traspasa a la grada. Y viceversa.

Grada semidespoblada y tristona, toda vez que la Escuela de Animación estará todavía con sus primeros alumnos en preescolar, es de esperar que, como en Lezama., el paso de los años nos dé una generación de animadores y animadoras (esto seguro que entusiasma especialmente a Munian) que sean la envidia del deporte mundial.

Con esas, como en la canción de Sabina, los clientes del VAR, uno a uno, nos fuimos marchando.
El palco VIP, a rebosar; la prensa, exultante, realizando ahora una campaña de blanqueamiento a Llorente que ni las de Eduardo Inda a Vox; el presidente, en Madrid, posando con una camiseta de la selección española con el nombre Athletic Club a la espalda. Por menos que eso le montaron una buena a García MAcua esos de los fondos que tanto han ayudado al cocinero a llegar a los fogones de Ibaigane.

Y vuelve Ibai, como seguramente volverá Fernandito. Aquí está el buscador de posts de este blog, de los cuales, y a pesar de los años, no cambiaré una línea. Garitano los ha pedido, nadie como él conoce las necesidades y carencias de la plantilla para revertir la situación.

Entiendo, también, que la nueva junta haga lo posible por moverse, que la pasividad rara vez consigue revertir situaciones. Además, están cogidos de pies y manos por la Ley del Deporte, poco margen tienen para moverse en el aspecto económico sin comprometer  su patrimonio personal.

Eso ya se sabía, y por 85 exiguos votos de un club con más de 40.000 socios y una participación ingerior al 50%, es presidente. Muchos de los que votaron en blanco, de los que ni tan siquiera fueron a votar, ahora lo lamentan. Otros, descubren ahora en qué consiste la ley del deporte, que se dé la paradoja de que Elizegi no puede disponer de los fondos rebosantes de la caja fuerte de Ibaigane con la alegría que sí hubiera podido hacerlo Uribe-Echevarría. Ya es tarde.

El Athletic ha tenido su particular Brexit. El trumpismo ha llegado a Mazarredo de la mano de Elizegi. Para deleite de Vocento y el Grupo Nervión, bien que lo celebraron sus periodistas el 27 de noviembre.

Solo cabe esperar que tengan suerte, que hagan una gestión razonable y que consigan, analizando todas las consecuencias de la Ley del Deporte, encontrar vías por las cuales poder disponer del remanente de dinero. Por el bien del Club. Porque los refuerzos de verdad, los que dan un salto de calidad, si no, difícilmente podrán vestir de rojiblanco con los actuales rectores.
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