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Undiano más conformismo: pues empate


Antes de comenzar a desbarrar, vaya por delante que se empieza a intuir en el Athletic de Garitano una cierta tendencia a defender las ventajas en el marcador obviando la obligación de atacar, como confiando en exceso en la solvencia defensiva del grupo, que es cierto que ha mejorado, pero que no resulta invulnerable ni tan siquiera para el Villarreal más inane que se recuerda, capaz de tener un acierto del 100% de cara a puerta, ahí es nada.

Y es que el Athletic pudo y debió haber enviado a la lona al equipo del inefable Roig (el de las baldosas, no el de las cremas) mucho antes de esos minutos finales en los que las gradas del estadio de La Cerámica parecía el patio de butacas el día de estreno de Pesadilla en Elm Street. En el pecado lleva ahora la penitencia.

Fue un partido solvente, tranquilo, ajetreado en la zona central, peleado, donde los rojiblancos fueron superiores en casi todos los lances sin necesidad, además, de excederse en las entradas, como sí tuvieron que hacer los castellonenses con el beneplácito arbitral, generoso y candoroso con la tripulación del submarino.

Esa falta de decisión de ir a tumba abierta a por el partido es, seguramente, lo único que quepa reprochar al equipo, generoso en el esfuerzo, concentrado y bien plantado. Y es que resulta curioso, aún, la sencillez de la receta de Garitano para haber devuelto cierta tranquilidad y confianza en la plantilla: basta con un poco de concentración, aderezada de agresividad, racionalidad táctica y hacer que los jugadores hagan lo que saben hacer, ni más ni menos.

Pero. Siempre hay un pero. Y ayer resultaba que en el campo administraba algo parecido a justicia un tan Undiano. Y eso son palabras mayores. Con esa cara de párroco de iglesia pamplonica, el pío trencilla no deja lugar a la improvisación. Ni una mala palabra, ni una buena acción, como decía José María García de Valdano. En los momentos clave, en aquellas circunstancias en que tocaba tomar medidas que debían beneficiar o perjudicar a uno de los contendientes, don Alberto, fiel a la tradición, y para tradicionalistas no hay quien gane a los de UPN, se cebó con su víctima favorita.

Son las consecuencias de la sibilina concepción del arbitraje que tiene Mallenco: convertir un codazo de Iborra, que implicaba la segunda amonestación para el local, en falta de Capa; obviar una posible mano del mentado Iborra antes de la jugada del empate; confiar en el VAR para anular un gol por una más que dudosa posición de fuera de juego de Yuri, en contra de lo que la norma dice que se debe hacer en caso de duda.

Para más morbo, en la sala VAR estaba del Cerro Grande, policía en excedencia, que no tuvo reparos hace diez días en anular un gol a Aduriz después de que en la sala VAR descubriesen el botón de rebobinar, opción que bajo ningún concepto consideró emplear el madrileño en la jugada de empate villarealense.

Son todas estas cosas de este fútbol moderno que algunos abominamos y que Tebas, el potencial votante de Vox, pretende arreglar con inteligencia artificial, término pomposo que seguro convence al prototípico lector de Marca (el de soberano, palillo y Farias). La inteligencia artificial no deja de ser una pamplina que ideada por el fascistoide oscense puede estar tan viciada de origen como un sorteo copero ideado por Macua y el notario Martínez Lozano.

Quedémonos con el puntito, que alejados de San Mamés y con Undiano al silbato, es lo más parecido a una victoria, y confiemos en que el equipo vuelva a dar la medida el domingo, contra el Betis, que al fin y al cabo es en La Catedral donde se deben contabilizar los puntos de tres en tres para llegar, cuanto antes, a la cuarentena.

Mientras tanto, dejemos a Velasco Carballo y Clos Gómez glosar las bondades de la tecnología aplicada al fútbol, que sigan pensando que son referentes (les faltó, decir que lo son a nivel universal, no solo europeos como afirmaron en un ejercicio de modestia sin precedentes), que vivan de la autocomplacencia. El sistema falla, como las escopetas de feria. Falla porque lo primero que debieran hacer no lo hacen: aunar criterios, que hay tantos como árbitros, por lo que ya se ha dicho: porque un árbitro no es consecuente cuando está delante de la pantalla con lo que ha hecho unos días estando en el campo. Verbigracia, el agente del Cerro.
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2 comentarios

  1. Muy buen análisis del partido de ayer. Que tampoco el pseudoarbitraje del párroco de la Obra nos impida ver el bosque del conformismo propio.
    Y al final del partido hay una jugadita en la que un defensa cerámico cede el balón a Asenjo y éste lo para con las manos. Era la última jugada del partido pero el "Muete" miró con nostalgia hacia Estella y pitó el final. Tampoco era cuestión de recibir un azulejazo por un libre indirecto dentro del área.

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  2. ¡Qué bueno que han vuelto los zarpazos, Gontzal!

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Aldez aurretik, eskerrik asko. Gracias por anticipado.