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Dos puntos perdidos


Solo la falta de acierto privó al Athletic de una derrota frente al Barcelona. Lo hicieron casi todo bien los rojiblancos, y tan solo la falta de gol, la incapacidad de transformar en gol las ocasiones, una vez más, permitieron redondear lo que hubiese supuesto una victoria de esas que dejan mucho más allá de los tres puntos. De la misma forma, el punto obtenido vale bastante más de lo que la aritmética indica, puesto que no es sencillo puntuar contra un equipo como el de Valverde que, además, venía a San Mamés conociendo que entre sus perseguidores madrileños la víspera había ganado el que más peligro puede tener de cara a arramplarle el título de Liga.


En el global de partido no sufrió en exceso el Athletic, más allá del agobio de los minutos que fueron del comienzo de la segunda parte hasta algo más del sesenta. Y es que hasta en eso el equipo de Garitano desafió a la lógica: acabó el partido, después de haberse vaciado, bastante mejor de lo que se esperaba. A ello contribuyó la estrategia del entrenador con la alineación inicial y los cambios. Reservó a Muniain para  la media hora final, y empleó a un mejorado San José para afianzar el centro del campo y buscar opciones de remate ante Ter Stegen.

No pudo el Barcelona con el equipo local, seguramente porque creyó que a velocidad de crucero obtendrían alguna ocasión basada en el talento de Messi o la capacidad de remate de la piraña Suárez, pero lo cierto es que quien dispuso de más y mejores ocasiones fue el Athletic. Evidentemente, nadie esperará que en los análisis del partido allende Bizkaia nadie valore los méritos en clave rojiblanca y todo se explique desde el interesado punto de vista de que el Barcelona llegó a Bilbao cansado, falto de ritmo, que Messi se encontraba lesionado y que las apreturas del calendario no ayudaron a los culés. Como si eso de tener enemil internacionales entre la primera y segunda plantilla fuese algo testimonial o el calendario algo que, de la noche a la mañana, ha poblado de encuentros  una época en la que se esperaban vacaciones.

No está este espectáculo guionizado para que triunfe Cenicienta, no digamos nada sus hermanas. En el fondo, todo lo que sea que los favoritos a arrasar no ganen, molesta, rompe la lógica de los que llevan la voz cantante en esto, y se buscan siempre las explicaciones desde la óptica de Madrid o Barcelona. Porque no existe, es inaceptable, la opción de que el rival sea mejor.
El Athletic lo fue. Trabajó más, corrió más, fue más que solidario en las ayudas y la presión, no concedió la más mínima ventaja a un rival repleto de talento y supo generar peligro. Falló donde lo lleva haciendo desde que Garitano se hiciera cargo del equipo: en el remate. Solo en el remate. Fue superior en defensa, con los centrales magníficos, y trabajó a destajo en el centro del campo para ganar la batalla.

A nada que Williams tuviese algo más de clarividencia en el área, a nada que Ter Stegen no hubiese sido el mejor de los suyos, el Athletic hubiese conseguido una victoria inapelable. No pudo ser. Por la falta de pericia de Iñaki, por la falta de precisión de Yuri o San José o porque la chilena de Raúl se fue hacia la zona en que habitaba el omnipresente Ter Stegen.

En días como hoy, tampoco es mal momento para hablar de del Cerro Grande, que pasa demasiado inadvertido en la prensa vizcaina tras su arbitraje de ayer. Partiendo de la base de que es, para mi y con diferencia, uno de los mejores árbitros de primera, algo le sucede con el Athletic y me preocupa.

Ya son varias las temporadas que le llevo observando errores que en un tipo de su nivel no pueden ser casuales. La diferencia de criterio en el día de ayer en lo relativo a las faltas  fue clarificador, pero viene de lejos. Aún recuerdo una expulsión inexplicable (al igual que la de ayer) a Laporte  en el Molinón hace tres temporadas, por lo que llueve sobre mojado. El segundo gol del Villarreal este año en casa con una falta flagrante sobre Iñigo Martínez; el gol anulado a Aduriz en Copa contra el Sevilla con una sui géneris teoría sobre la ocupación espacio-temporal;  la asistencia a Undiano estando en el VAR para anular el gol de Williams que daba a los rojiblancos la victoria en el Madrigal… Todo ello aderezado ayer con una segunda tarjeta de carcajada a de Marcos para dejar a los locales en inferioridad en un momento crítico.

Ya no cabe albergar ni esperanzas de protestas de esas que dicen no valen para nada, pero a las que en esta jungla recurren gentuza como Ángel Torres o Enrique Cerezo con pingües beneficios. Seguiremos siendo elegantes, más ahora, en la era flower-power zurigorri, en esta primavera rojiblanca en la que la prensa es feliz, en la que cualquiera y a cualquier hora puede permitirse coger la cuenta de Twitter del Club y colgar un textito, aunque sea con faltas de ortografía, como si los destinatarios fuesen del grupo de WhatsApp de la cuadrilla.
No protestamos, somos muy elegantes, las etiquetas de equipo favorecido por el estamento arbitral nos perseguirá incluso hasta después de desaparecer el último Villar de la tierra futbolera, y ahí están los datos: equipo más tarjeteado, único al que no han expulsado a ningún rival… pero le caemos muy bien a Rubiales.
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1 comentario

  1. A diferencia de lo ocurrido en Anoeta, ayer Garitano acertó en el planteamiento y desarrollo del partido, con unos cambios hechos con los jugadores y momento oportunos.
    Del Cerro ¡qué grande es! De Marcos venía corriendo de espaldas al balón, ciego, en un alarde de imprudencia y le saca una amarilla por mano, que la debe de tener en la espalda o en la parte trasera del hombro. Un defecto físico que no le ha impedido triunfar en el fútbol profesional.Me recordó a aquella mítica expulsión en el Bernabeu a un yugoslavo sordomudo por protestar al árbitro.

    Al Cuoco Imprenditore lo que es del Cuoco Imprenditore; acertado lo de no colocar ayer el Medio día del Club. Nos evitamos turistas, canis, ventajistas y demas fauna.

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