+ 5

¿Quién dijo fútbol? ¡Viva el circo!


Acabaremos viéndolo. Sustituirán el Altza gaztiak de Zubikarai por el ¿cómo están ustedes? de Miliki como grito de guerra para, instantes después, poner, a todo trapo, Había una vez un circo. En eso han convertido el fútbol, que ha pasado de ser un espectáculo medio serio, o que los aficionados nos tomábamos en serio, a una especie de Grand Prix, afortunadamente y de momento, sin Ramón García.

El Athletic-Rayo de ayer fue eso, una antología al despropósito que acabó siendo entretenida más por los desatinos que por los aciertos y habilidades de los participantes de la mejor liga del mundo. Otro mantra. El show comenzó pronto, con Williams marcando en jugada de estrategia. Fue noticia. Implicó que Beñat centrara en condiciones, que la zaga del Rayo aún siguiese posando para la foto, y que, tras engancharla Iñaki de aquella manera, rebotara en defensa y portero para acabar en la red.
Nuevamente el equipo de Garitano por delante, con cierta fortuna, al primer disparo a puerta, o lo que fuese aquello. Escenario, a priori, para que un equipo cuyo principal –y casi único- argumento es el de nadar y guardar la ropa. Pero esta vez, tampoco. Esta vez el equipo volvió a evidenciar que para poder redondear lo que el entrenador pretende debe mejorar más que mucho, debe conseguir poder matar los partidos.

El Rayo, en situación clasificatoria desesperada y con la forma de jugar a la que le ha abocado su entrenador, parecía el rival perfecto. Y no lo fue. No lo fue por la sucesión de errores de un equipo que se complica la vida de manera innecesaria. Falló un penalti en botas de Raúl. Perdonó innumerables ocasiones, con un Williams que dio un recital de inoperancia, un Muniain escorado a la diestra que no acertaba cerca del área y un Córdoba voluntarioso que parece haber cambiado sus tradicionales virtudes por el mono de trabajo.

El partido bien pudo finalizar con seis goles a favor de los zurigorris a nada que Alberto García, portero rayista, hubiese tenido una actuación más discreta o, como decía, que a Iñaki la impericia y la ambición por monopolizar el éxito de la tarde no le hubiesen hecho desperdiciar demasiadas situaciones en ventaja.

Sufrió el Athletic por su incapacidad para cerrar el partido cuando pudo. Ni tan siquiera el estar en inferioridad numérica ayudó en el momento en que el equipo consiguió, por fin y gracias a Raúl, el único que entiende qué se esconde tras el verbo competir. El Rayo, desahuciado, tan valiente como quizás suicida, consiguió llevar el tres a dos para que aquello no decayese en lo que a suspense se refiere.

El show duró cien minutos, que es algo grandioso sobre todo para las televisiones y complicado de gestionar para aquellos que en la grada los jugos gástricos les hubiesen proclamado su particular día de la república.

Son los nuevos tiempos. Partido a las dos con actuación estelar del VAR, ese invento que ayer dejaron en mano de un tipo como González Fuertes, a la sazón peor árbitro de primera, incapaz de dilucidar, por si mismo, absolutamente nada. No fue malo el arbitraje de Martínez Munuera en términos generales, acorde con los nuevos tiempos de no comprometerse en exceso y esperar a que del pinganillo le corrigiesen. Es a lo que nos tienen condenados ahora. Los árbitros, para no ser enmendados, prefieren no significarse en exceso. Por eso extrañó que no pitase el penalti clamoroso a Raúl y que no dudara en una jugada menos clara como la del penalti rectificado a Williams.

Por lo demás, señaló pocas faltas, dejó jugar, aplicó la nueva norma en lo relativo al juego con los brazos a Advíncula, que cometió una tropelía en la jugada en que vio segunda amarilla, y se limitó a confiar en administrar justicia a base de pantalla y vídeo.

El fútbol ha perdido frescura y velocidad, tiene pausas difícilmente digeribles que le dan un suspense poco natural e innecesario. Porque sin VAR, el resultado hubiese sido similar: un penalti no pitado que se hubiese compensado con uno mal pitado y un gol concedido al Rayo que casi nadie hubiese discutido. Porque eso de aplicar la escuadra y el cartabón sobre una pantalla no deja de resultar ridículo. Sea el resultado d la decisión a favor, como ayer, o en contra, como en Villarreal.

Así pues el Athletic, encaramado ya a la posibilidad de clasificarse para Europa, continúa su espectacular remontada. El entretenido show que eclipsó un vulgar fútbol y partido vale para que el equipo tenga, certificada la salvación, el segundo reto de la temporada: competir por conseguir billete en las plazas que den opción a participar en el segundo torneo continental. Y así, mientras nos entretenemos, olvidamos riéndonos como tan solo te reías cuando de niño ibas al circo, partidos como el de la pasada semana de Getafe que tantas cosas pudo evidenciar.